Reminiscencia: ¿puede tu pasado mejorar tu presente?

Ayudar a las personas mayores a recordar experiencias y hechos vividos favorece la integración del pasado en el presente de las personas mayores; de manera especial en aquellas que manifiestan algún tipo de demencia.

Recordar es un proceso saludable y normal, sobretodo en la etapa del envejecimiento; a pesar de que existe un mito bastante extendido que afirma que recordar el pasado es algo nocivo en personas mayores, debemos romper con esa creencia errónea, ya que gracias a los recuerdos  las personas mantienen su propia identidad personal y reafirman la confianza y seguridad para afrontar cambios en este período de la vejez.
Otra razón a favor del proceso de recordar es que ejercita la memoria. Con el envejecimiento se puede ver deteriorada la memoria inmediata, quedando generalmente preservada la memoria remota (donde “almacenamos” los recuerdos pasados). Las personas mayores que presentan demencia y deterioro cognitivo, pueden presentar más dificultad para evocar experiencias vitales pasadas, es por ello que, respondiendo a la pregunta de nuestro titular, sí, hay casos en que resulta de gran utilidad la aplicación de la Terapia de Reminiscencia.

¿Qué es?

La Reminiscencia es una técnica que favorece la evocación de recuerdos y sucesos del pasado de la persona, conectándolos con el presente. La finalidad que persigue esta técnica es  la de fortalecer y consolidar la propia identidad, frente a los cambios que supone el proceso de envejecimiento (y más importante aún en personas con demencia).

¿Cómo se realiza?

A través de la narración y/o recurriendo a materiales asociados a hechos pasados, se potenciarán la memoria episódica (los recuerdos personales) y la memoria semántica (los conocimientos sobre datos históricos relevantes). Además, se tratará de que la persona experimente emociones vinculadas a esos recuerdos, resaltando aquellos que resultan gratificantes.

¿Cuál es la utilidad?

A través de la Terapia de la Reminiscencia, desarrollan la revisión de su vida con la intención de que puedan resolver los conflictos no resueltos, se sientan satisfechos de sus éxitos y, en definitiva, se perciban como personas realizadas, con una vida completa, y así consigan un estado de tranquilidad y paz interior.

El proceso de reminiscencia cumple una serie de funciones que permiten la consecución de metas personales, (siempre teniendo muy en cuenta las particularidades de cada persona, lógicamente).

Las funciones más destacadas son:

  • Preservar y reforzar la identidad personal
  • Mantener o aumentar la autoestima, enfocándonos aspectos positivos de los recuerdos autobiográficos
  • Estimular el lenguaje y la participación social mediante la conversación
  • Permitir la “resignificación”, es decir, recordar un acontecimiento ya sea positivo o negativo y darles un nuevo significado. Resolver problemas
  • Reducir el aburrimiento
  • Conservar la intimidad
  • Manifestar el logro de la longevidad, es decir, haber llegado hasta la vejez con una vida llena de vivencias
  • Estimular los duelos y preparar a la persona para la muerte

Al recordar, también se promueve que la persona conecte con los demás y “para” el otro lado, el hecho de conocer el pasado de esa persona implica un mayor entendimiento acerca de determinadas conductas o reacciones que presenta en un momento dado.

Además, es necesario hacer hincapié en que la reminiscencia es apropiada en fases leves y moderadas de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, así como en el caso de personas con deterioro cognoscitivo leve o problemas de memoria asociados al envejecimiento normal.

Poniendo en práctica la Reminiscencia

A la hora de realizar ejercicios de reminiscencia, no debemos olvidar que los recuerdos se sitúan dentro de un contexto sociocultural y familiar que marcan las directrices a la hora de narrar las historias personales de la vida. Por otro lado, es recomendable hacer partícipes a los familiares ya que nos pueden aportar material e información útiles para facilitar el desencadenamiento de recuerdos.

La estructura general de la terapia consiste principalmente en mostrar a la persona un material (por ejemplo, una fotografía), vinculado con su propia experiencia o con hechos históricos de su generación. Tras esto, la persona evoca recuerdos y relata todo lo que éste le sugiere.

Los materiales que se emplean en estos ejercicios tienen que ser significativos para la persona con el fin de que pueda relacionarlos con los recuerdos y experiencias personales. Estos materiales actúan como estímulos y son muy diversos, siendo los más comunes en las sesiones de reminiscencia los siguientes:

  • Visuales: fotografías, vídeos y películas, libros, revistas, artículos de periódicos (de diferentes etapas de su vida, de famosos, políticos o escenas históricas…)
  • Auditivos: música, grabaciones, canciones
  • Olfativos: flores, aromas, perfumes
  • Gustativos: saborear antiguos platos
  • Táctiles: manipulación de objetos (por ejemplo: domésticos) y texturas

 Foto: Google Imágenes

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