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Casi la mitad de los cuidadores sufre problemas mentales

En nuestro país mueren cada año cerca de 70 mil personas esperando una ayuda por dependencia. Este hecho obliga a que sean los familiares (en un 47% de los casos) quienes tengan que asumir esta responsabilidad.

Ser cuidador es un trabajo muy duro, requiere mucha paciencia y fortaleza tanto física como mental. En España, la mayoría (un 89%) de las personas encargadas de cuidar a otros son mujeres y dedican al día entre 6 y más de 12 horas a atender a los enfermos. Esto significa que la mayor parte de los cuidadores trabajan más horas que en una jornada laboral común sin ningún tipo de remuneración a cambio.

Las consecuencias de pasar día y noche cuidando a una persona dependiente suelen resultar devastadoras para el cuidador. No es de extrañar que más de la mitad padezcan cambios en su salud como son cansancio, fatiga, dolores en las articulaciones y la espalda, insomnio, etc. lo que les conduce en casi la mitad de los casos a la frustración, la ansiedad, la irritabilidad e incluso a la tristeza y la depresión.

Dedicar tanto tiempo a una persona condiciona la vida diaria del cuidador, que reduce su tiempo libre, las relaciones con los amigos y familiares y deja de cuidarse a sí mismo. Esto, unido a la gran carga emocional se convierte en una bomba de relojería que acaba en estrés, ansiedad y depresión.

Para poder cuidar bien a otro es necesario que estemos bien nosotros mismos, por eso debemos cuidarnos, descansar, hacer turnos con otro familiar, repartir responsabilidades siempre y cuando sea posible, buscar ratos de ocio y esparcimiento, hacer ejercicio, comer bien… ser cuidador empieza por cuidarse uno mismo. Si no estamos bien es imposible darle a la otra persona los cuidados que necesita.

Foto: Google Imágenes

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