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El cuidador también necesita que le cuiden

Muchos cuidadores pasan gran parte de su tiempo atendiendo a personas enfermas o necesitadas. A menudo pensamos en los mayores dependientes y en lo duro que es llegar a ese punto, pero pocos nos ponemos en la piel del cuidador.

Las consecuencias de cuidar durante mucho tiempo a una persona que depende de ti prácticamente para todo, pueden resultar devastadoras tanto física como mentalmente.

El esfuerzo de cuidar a alguien cuyo peso tenemos que sostener por nosotros mismos, desgasta nuestro propio cuerpo y, en ocasiones, se encuentra peor físicamente quien cuida que el cuidado.

En cuanto a lo psicológico, el trabajo del cuidador es muy complejo. Hay que tener en cuenta que existen muchos tipos de dependientes. Unos padecen demencia, otros, inmovilidad física, otros sufren enajenaciones mentales transitorias y otros, varias cosas a la vez. En la mayoría de los casos, los cuidadores tienen que armarse de paciencia, dedicar la mayor parte de su tiempo a los cuidados del necesitado y esto supone un gran desgaste anímico que puede terminar en depresión y aislamiento.

Quedar con amigos, hablar con familiares, recibir visitas o hacer planes de ocio que nos hacen pensar en otras cosas, ayuda mucho. Claro que no siempre es posible, ya que a veces, la persona a quien se cuida no tiene a nadie más.

Pedir ayuda o, si es posible, contratar a alguien que nos eche una mano, es fundamental en este proceso. Pensar que una persona puede cuidar durante 24 horas a un enfermo es un error, ya que acabaría enfermando el propio cuidador.

Si no se cuenta con los medios económicos o la ayuda de algún familiar que pueda echar una mano, lo óptimo es hablarlo con el médico que esté tratando al enfermo para que pueda explicarnos la mejor solución y el camino más rápido y certero para recibir alguna ayuda económica o presencial del estado.

Pedir ayuda no quiere decir ”fallar” al dependiente, sino todo lo contrario. A veces, sucede que los cuidadores sienten cierto remordimiento cuando no están a la altura de las circunstancias, algo que deben quitarse inmediatamente de la cabeza. Cada persona tiene unos límites y un aguante y más en un tema tan agotador como es el cuidado de alguien. Hay que pedir ayuda antes de estar mal, porque lo que es seguro es que un cuidador no atenderá bien al enfermo si él mismo está mal.

El cuidador también necesita que le cuiden.

Foto: Google Imágenes

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