¿Te preocupa tu memoria? ¡No te agobies!

La pérdida de memoria y, en muchos casos, las enfermedades degenerativas suelen estar vinculadas a la edad. El tema es saber diferenciar lo que realmente puede llegar a ser una enfermedad y lo que es un simple olvido que nos ocurre a todos prácticamente a diario.

Que un día puntual cerremos la puerta de casa y nos dejemos las llaves dentro, es una faena ya que tenemos que llamar a nuestra pareja, nuestros hijos o quien quiera que tenga una copia para abrirnos y en el peor de los casos a un cerrajero, pero el problema no pasa de ahí. No debemos alarmarnos, vivimos tan acelerados que pensamos en otras mil cosas antes que en coger las llaves de casa para salir. Sería preocupante si nos pasara a diario o si no reconociéramos, por ejemplo, dónde está nuestra casa, nuestra calle o algún lugar que hayamos frecuentado a menudo.

A todos nos ha ocurrido alguna vez ir a un lugar a buscar algo y cuando llegamos no recordamos qué íbamos a buscar. Ese tipo de despistes tampoco son para nada preocupantes. Ir a hacer la compra y que nos demos cuenta al llegar a cada que nos hemos olvidado la leche o el pan, le pasa a cualquiera. Del mismo modo que ir al dormitorio a coger, por ejemplo, las gafas para leer y volver al salón sin ellas. Son olvidos habituales que, normalmente, se deben a que no prestamos la atención necesaria a lo que estamos haciendo pero no hay porqué alarmarse. Preocupante sería si de pronto no recordáramos nada, no reconociéramos nuestro entorno habitual, etc.

¿Quién no se ha olvidado del nombre de su vecino, del del panadero e incluso del de un nieto? Es tanta la información que manejamos cada día que no es de extrañar “que se nos vaya el santo al cielo”, lo importante es ser conscientes de que nos hemos quedado en blanco, lo malo sería si nos olvidáramos del nombre pero no le diéramos importancia porque ni siquiera fuéramos conscientes. El hecho de saber que no recordamos algo es un síntoma de que nuestra memoria está funcionando.

¿No te ha pasado recordar algo que sucedió la semana pasada, el mes pasado o hace años pero no te acuerdas bien del contexto? Por ejemplo, una comida muy rica con la familia en un restaurante de cuyo nombre nos hemos olvidado, es más, no sabemos ni en qué ciudad estaba, sin embargo, somos capaces de visualizar el propio restaurante, el menú que comimos, dónde estábamos sentados, quiénes participaron en esa comida y hasta quién invitó… Parece una falta de memoria, pero es evidente que no lo es, ya que recordamos con exhaustivo detalle todo lo demás. Cero preocupaciones, por tanto, en un caso de este tipo, basta con que nos esforcemos un poco o dediquemos unos minutos sin agobios y seguro que somos capaces de recordar dónde se encontraba el restaurante o lo que fuera que quisiéramos saber.

Si eres de los que lleva viviendo años en el mismo barrio y conoce cada tienda, cada frutería, cada floristería y cada esquina a la perfección, pero de pronto un turista te pregunta cómo llegar a una calle y no te acuerdas a cuál se refiere ¡es normal! Muchas veces el lugar que mejor conocemos es al que menos tiempo dedicamos. Posiblemente, paseamos por esas calles a diario, sin embargo, no nos fijamos en cómo se llaman. Sabemos que están en la zona, que están cerca, incluso si nos dan alguna pista más, como un restaurante o un hotel que se encuentre en esa misma calle, sabríamos indicarles, pero sólo por el nombre no somos capaces. Una vez más, no se trata de un fallo de memoria sino de desinterés o de no prestar demasiada atención a los lugares por los que pasamos.

Estas son sólo algunas situaciones, pero hay miles y todas ellas, de una manera u otra, nos demuestran que nuestras memoria funciona perfectamente lo que ocurre es que muchas veces ni siquiera dedicamos un segundo a memorizar nada, pasamos por calles sin prestar atención, hacemos las cosas de manera mecánica y  saludamos a la gente porque nos suena su cara sin preguntarles ni siquiera su nombre. Eso no es olvidar algo, ni un fallo de memoria, eso simplemente es vivir a toda prisa sin pararnos ni un segundo y hacer el esfuerzo de memorizar algo.

El ejemplo más claro de que nuestra memoria funciona bien es que aquello que realmente nos importa no lo olvidamos jamás ¿a que la receta del plato favorito de nuestros nietos no se nos borra de la cabeza?

Foto: Google Imágenes

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