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5 amenazas veraniegas que comprometen nuestro bienestar

En esta época plácida y vacacional, caracterizada por el buen tiempo y las relajación de las costumbres parecería que nada nos tuviera que perturbar. Y sin embargo, los datos dicen que es la estación más hostil para la salud de los mayores, pues varios de los problemas que más nos afectan y que son más potencialmente peligrosos están bastante relacionados con este periodo. Por eso, hemos querido hacer un recordatorio para tenerlos bien presentes y poder prevenirlos sin dificultades:

No tomarse el calor a la ligera: puede que tengamos el hábito de vivir en un clima caluroso o incluso que disfrutemos de las altas temperaturas, pero no debemos menospreciar nunca sus posibles efectos,  se suda más, las venas se dilatan, el cuerpo ha de esforzarse para adaptarse y hay que protegerse adecuadamente. Beber agua abundante para no deshidratarse, no exponerse demasiado tiempo al sol ni hacer grandes esfuerzos en las horas más cálidas, vestir ropas frescas, ligeras y utilizar algo para cubrir la cabeza. Y es que, los golpes de calor pueden llegar a ser letales. Si padecemos síntomas como sequedad, calor intenso, alteración del pulso y dolor fuerte de cabeza, tendremos que aplicarnos agua fría y llamar a urgencias.

Cuidado con el sol: insistimos con el astro rey, pero es que no sólo el calor puede causarnos problemas. Los mayores somos muy sensibles a las radiaciones ultravioletas, que pueden causar, entre otros problemas, cáncer de piel y pérdidas de visión. Para protegerse de ellos adecuadamente debemos utilizar cremas con la protección solar adecuada y gafas de sol con un buen cristal que proteja nuestros ojos.

No ingerir lo primero que caiga en nuestras manos: sea agua de fuentes dudosas, comida de procedencia incierta o incluso alimentos que pese a conservar una buena apariencia no se hayan conservado en frío. La proliferación de bacterias con el calor es sumamente peligrosa y puede desencadenar trastornos tan graves y dolorosos como la salmonela. Y ojo con confiarse porque no nos haya ocurrido nunca, es precisamente al bajar la guardia cuando suceden los accidentes.

Mosquitos a raya: puede que si no nos movemos de Europa, las picaduras no pasen de ser una molestia, si bien con la aparición de los mosquitos tigre pueden serlo de primer orden. Pero si viajamos a países en los que éstos animalitos son agente de transmisión de enfermedades tan serias como la malaria o el tan comentado Zika, la profilaxis pasa a ser indispensable.

La salud no se va de viaje: al viajar y salir de nuestro marco doméstico habitual se incrementa el riesgo de sufrir algunas de las dificultades descritas. Por eso es muy aconsejable partir cubierto con un seguro de salud sin exclusiones. Y en la maleta nunca debe faltar espacio para cargar un pequeño botiquín.

Foto: Google Imágenes

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