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La piscina con seguridad: consejos para evitar problemas

En verano empiezan muchos cursos de natación y aquagym…y también problemas como las otitis y los hongos.

Y esto no ocurre solo en el verano ya que con la llegada del otoño nos vamos replegando hacia los interiores. También a la hora de hacer ejercicio. Y ahí la piscina se ofrece como uno de los mejores espacios. Un escenario ideal para algunas de las prácticas deportivas más saludables, pero también para la aparición de ciertos problemas bastante frecuentes entre los usuarios de estas instalaciones. Conviene por lo tanto conocerlos, así como tomar algunas medidas preventivas.

  • Para empezar, la humedad, si no va unida a unas condiciones adecuadas de limpieza (o incluso con ellas), es un aliado óptimo de los hongos, y males como el pie de atleta figuran entre los más habituales que se contraen en la piscina. Para ello, evitaremos andar descalzos por suelos mojados y rebordes del vaso, pues son las zonas en las que es más posible que sobrevivan y se transmitan. Además, hay que secarse con esmero los pies antes de calzarse a la salida de la piscina, procurando frotarse bien entre los dedos, las axilas, las ingles y cualquier rincón en el que quede humedad.
  • El cloro es un agente irritante que puede causar sequedad de piel, alergia, molestias en los ojos y, si se pasan muchas horas semanales nadando, hasta problemas odontológicos. Existen hoy alternativas que ganan terreno, procesos de filtrado y eliminación de materia orgánica mediante microorganismos, que permiten reducir la cantidad de cloro, así como piscinas con agua de mar en zonas costeras. Pero en la gran mayoría el proceso de desinfección sigue siendo químico y no queda otra que tomar precauciones. Usar gafas, quitarse las lentillas si se llevan y, si tenemos tendencia a la irritación ocular, lavarse con suero fisiológico, ducharse al acabar la sesión para eliminar los residuos y utilizar crema hidratante para la piel son las otras medidas que evitarán mayores percances.
  • Las infecciones auditivas son uno de las afecciones más comunes que se pueden contraer en la piscina. Tanto es así que se les llama otitis del nadador. Aunque se trata de una dolencia que no ocasiona pérdidas de oído o molestias demasiado agudas, es molesta y pueden evitarse con unas simples medidas. El uso de unos tapones adecuados para este ejercicio (que impida la entrada de agua, no que la retengan dentro), secarse bien el conducto auditivo cuando ya no vayamos a sumergirnos más y evitar introducir bastoncillos de limpieza o cualquier otro objeto -que pueden crear pequeñas heridas y facilitar la acción de bacterias- deberían ser profilaxis suficiente en la mayoría de casos.
  • Aunque parezca obvio, cuidado con los resbalones. Sería irónico ir a la piscina para mantener nuestro estado de forma y que un mal gesto pudiera acabar en una fractura, un esguince o cualquier otra lesión. Las prevenciones más eficaces en este caso son emplear unas buenas zapatillas con suela antideslizante y evitar pisos encharcados.

Foto: Google Imágenes

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