Madrid, desde el jardín al cielo

Aunque goza de menos prestigio que otras zonas verdes de la capital, pasando a menudo desapercibido, el madrileño Parque del Oeste es una auténtica joya en su especie. Está situado en el Paseo del Pintor Rosales, sobre unos terrenos que, en su día, fueron adquiridos por Felipe II, con la intención de unir los Montes del Pardo con el Palacio Real. En la actualidad cuenta con dos atracciones que ningún visitante, ni madrileño que se precie, debe perderse: la Rosaleda y el Templo de Debod.

El Jardín de Ramón Ortiz, situado dentro del Parque del Oeste, es famoso por su rosaleda. Cuenta con más de 500 variedades, de diversos perfumes y colores, en los cerca de 16 mil rosales que podemos encontrar allí plantados. Se trata de uno de los rincones más encantadores de la capital -sobre todo en primavera, gracias al bellísimo espectáculo floral propio de la estación- pero también por la paz que allí se respira; y es que, a pesar de su belleza, este recoleto jardín no goza de muchas visitas. Los coloridos planteles están rodeadas de apacibles estanques y pérgolas, entre ellos se encuentra la fuentemonumental realizada por Lucio Oñoro, junto a la que se alza una delicada escultura de Federico Coullaut Valera. Todo un placer para los sentidos.

Tras un el paseo, recomendamos acercarse a la estación del teleférico sita en el mismo parque y aprovechar para ver Madrid desde las alturas, en uno de sus últimos viajes, antes de que la atracción cierre sus puertas hasta la próxima primavera. Desde las vistillas hasta las cuatro torres; dentro las cabinas el cielo madrileño parece estar más cerca que nunca, mientras que la ciudad se extiende ante nuestros ojos salpicada de una inusitada calma. El mejor momento del día es, sin duda, el atardecer.

Con el encendido de las farolas, culminamos nuestro plan acercándonos a otro monumento singular de Madrid, el Templo de Debod; un regalo del pueblo egipcio en agradecimiento por nuestra colaboración para salvar la zona Nubia – concretamente los templos de Philae y Abu Simbel- en 1968. Erigido bajo el mandato del faraón Ptolomeo IV Filópator, hacia el año 200 a. C., está dedicado al dios Amón y a la diosa Isis. Una visita nocturna, llena de encanto y misterio, nos transportará hasta el Egipto faraónico sin salir de la capital.

 

 

 

 


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