Manolo vive en su pueblo y tiene un hermano al que hacía años que no veía. Nunca había subido a un avión. Pensó que no se iba a morir sin probarlo y se puso manos a la obra. Iré a ver a mi hermano, pensó, y aprovecharé para subirme en uno de esos cacharros. Manolo es agricultor (de los de toda la vida).
Su pueblo está a 80 kilómetros de Madrid, así que aquél día cogió el autobús de las ocho de la mañana y a las 9 estaba en Madrid. Era un lluvioso día. Cogió un taxi. ”¿Cuánto tardaremos?”, le preguntó al taxista. Éste no le contestó. Manolo, con su proverbial discreción pensó que no le habría oído y optó por no preguntarle de nuevo ‘para no molestar’…
En cuanto se asomaron a la autopista, aquello no andaba. ”To parao”, mascullaba Manolo. Miró el reloj. Las 10,11, 11:30….a Manolo le empezó a entrar un sudor frío por todo el cuerpo….cuando llegaron a Barajas su reloj marcaba las 12 y el taxímetro 120. Maldijo hasta al bisabuelo del abuelo, aquél jugador que casi les deja sin tierras a finales del XVIII.
Ya dentro del aeropuerto se dirige a una chiquilla vestida de verde (le recuerda a las manzanas de su pueblo) que amablemente le informa que para sacar el billete debe ir a una de las máquinas. Allí va Manolo y cuando lee que sólo se puede pagar con tarjeta, vuelve a ‘la manzanita’ y le dice que él no tiene tarjeta, porque todo el mundo le conoce en el pueblo, saben dónde vive y su número de teléfono.
‘La manzanita’ le sugiere que vaya a una oficina del BBVA. Manolo tiene una cartilla en la Caja Rural. Entra y tras darse a conocer y decir que tiene una cartilla (con dinero) en la Rural, un empleado muy amablemente le indica que tome asiento y espere, que le va a hacer una gestión. Al cabo de un largo rato, le llama y le dice que ya puede “disponer”. Manolo quiere 100 euros y cuando le hacen la cuenta y le informan que los gastos de gestión son 30 euros, la disposición se transforma en “deposición” y tiene que salir corriendo al…
Vuelve con sus 70 euros (saldo neto) a ”la manzanita” y le reenvía a un mostrador de la T4; para llegar allí, Manolo toma un autobús. Cuando llega ya son las 3 y tiene un hambre enorme. Entra en un restaurante muy bonito, pide un bocata de jamón, un pincho de tortilla y una botellita de vino. Llega la cuenta y al decirle el camarero que son 40 euros, le vuelve la ”indisposición”…
Al llegar al mostrador, pide un billete a Barcelona y como son 50 euros, ve que no tiene dinero suficiente y vuelta a ”la manzanita”, y al BBVA. Ya conoce el recorrido del autobús, pero a la inversa. Cuando llega, entra y vuelve a contarle a otro empleado lo de su cartilla (han cambiado de turno, son las 5 de la tarde).El empleado le dice que no es posible hablar ya con la Caja, que cierran a las 3. A Manolo le viene otra vez el recuerdo del bisabuelo…
Cansado y sin fuerzas, sale a la calle. Comienza a andar despacio. Como sabe que no le queda suficiente dinero para un taxi (de los de a 120) decide ir andando hasta Madrid. Se cruza con un hombre y le pregunta que a cuánto está. El hombre le pone cara de pocker y no le contesta, sigue su camino. Manolo, con su proverbial discreción piensa que no le ha oído y no se atreve volverle a preguntar.
Cabizbajo, continúa su andadura por el arcén de la carretera mientras piensa en su lejano e inaccesible hermano y en lo rápido que le había dicho que se va en avión…









