En muchos hogares el rey de la casa es el televisor, que hace tiempo que dejó de ser algo propio de los salones para invadir otras estancias como cocinas y habitaciones. Este fenómeno se puede comprobar en bastantes viviendas de construcción reciente que cuentan con varias tomas de antena repartidas por la casa. Sin embargo, en construcciones con algo más de tiempo (a partir de 10 años aproximadamente), si queremos tener más de un televisor, hemos de instalar nuevas tomas extra, tantas como receptores deseemos.
No es una tarea excesivamente complicada, aunque hay que tener presente que no se opera del mismo modo que con un cable eléctrico al uso. Lo primero que necesitamos es un cable de antena, es decir, coaxial, que está formado por un núcleo conductor recubierto por una capa aislante que a su vez está recubierto, por una malla metálica. Todo el conjunto se encuentra dentro de una funda plástica aislante. La función de la malla será la de proteger, apantallar, la señal que circulará por el conductor interior. Es importante no dañar esta protección, ya que perderíamos calidad en la recepción de la imagen del televisor. También es preciso contar con un repartidor, una caja de empalmes con una entrada y tres o cuatro salidas. Su inconveniente es que a más número de tomas o salidas, más se puede debilitar la señal de la imagen (hasta un 50% en repartidores para tres o cuatro tomas), pero tienen la ventaja de que no es necesario ni picar paredes ni desmontar tomas de pared. Si observamos que la señal de la televisión se ha debilitado demasiado con el repartidor, o el cable de antena que debemos instalar es demasiado largo (varios metros), deberemos instalar entre el televisor y la toma de antena un amplificador de antena que amplificará la potencia de la señal.
A la hora de cambiar el cable coaxial o instalar el nuevo empezaremos por cortar el contorno del aislante exterior, evitando dañar la trenza de cobre. Una vez que la trenza o malla quede a la vista, se dobla hacia atrás, se pela y se retira el aislante central, con precaución de no dañar el cable interior ni la trenza metálica. Si el cable se conecta de forma fija a la base de la toma de televisión, solo hay que colocar el cable pelado en la base, apretar el tornillo que lo sujeta y volver a montar la caja. En el caso de que el cable sea móvil y se conecte a través de un enchufe, una vez pelado, se introduce el conductor de cobre en el borne central de una toma macho y se aprieta la tuerca. A continuación, se colocan las dos semicoquillas del enchufe en el casquillo y la tuerca, de modo que los extremos cónicos de la pieza queden adheridos a la trenza de cobre. Por último, se coloca el casco o capuchón que sujeta las patas del borne de masa.
En caso de que la distancia entre los televisores sea pequeña (sólo unos metros) y el punto de recepción no está excesivamente alejado del emisor, en lugar de hacer una nueva toma de antena y utilizar un repartidor, podemos simplemente recurrir a una T de derivación, una clavija que se conecta a la toma de pared de la antena, provista de dos tomas hembras donde se enchufan las clavijas de los cables de los dos televisores.
El toque final lo daremos colocando el cable a lo largo del rodapié, sujetándolo al mismo con unas grapas específicas, evitando así que quede suelto por el suelo con el consiguiente peligro de tropezones y caídas. Y ya todo listo para disfrutar de la tele mientras cocinamos, comemos o ‘siesteamos’.









