Tokio Olímpico

Diez días después de nuestra desilusión olímpica, parece que va siendo hora de hacerse a la idea de que los próximos juegos se celebrarán en la sede Nipona. En cualquier caso, y más allá de nuestras rivalidades, la capital japonesa es una opción muy acertada para acoger las olimpiadas de 2020: constituye un modelo ejemplar, técnicamente hablando, y sobre todo cuentan con todo el capital necesario para invertir en infraestructuras nuevas.

Aunque todavía quedan siete años para que se celebre el evento, lo cierto es que Tokio es un foco turístico a tener en cuenta a la hora de planear un viaje; eso sí, nada de “escapadas”, los vuelos de cerca de 15 horas, como mínimo, no permiten tales formatos viajeros. Los que se animen a esta aventura descubrirán que es uno de los destinos más recomendables del planeta; por la excelente calidad de sus servicios, la limpieza y el amabilísimo trato de los autóctonos que, no en vano, han conseguido que esta urbe se posicione como la sexta del mundo más visitada por turistas internacionales.

Los amantes del consumo, las compras y la moda, encontrarán en Tokio más que un paraíso. Todas las grandes firmas internacionales poseen uno o varios edificios -que no tiendas-, en muchos casos proyectados por arquitectos de fama internacional. Así, el edificio de Prada en Aoyama, una obra del genial dúo de arquitectos formado por Herzog y de Meuron; el de Hèrmes, creado por Renzo Piano; o el de Tod´s, construido por Toyo Ito hacen las delicias tanto de los amantes de las compras, como de los interesados en la cultura contemporánea.

Por otro lado, el barrio de Harayuku es todo un referente internacional en cuestiones de moda y tendencias, donde los coolhunters de todo el mundo viajan para inspirarse; mientras en Akihabara, la Electric Town de la ciudad, se dan cita los amantes de los videojuegos y el cómic, de la fotografía y las nuevas tecnologías, en general.

Los grandes rascacielos, réplica de la Torre Eiffel incluida, contrastan vivamente con la tranquilidad de sus hermosos jardines, así como con la zona más antigua, el barrio de Asakusa. Construido en torno al templo budista Sensoji (645 d. C.), esta zona conserva todo el encanto del antiguo Edo, gracias a sus callejuelas con pequeños comercios y restaurantes.

Pasear por un jardín de bonsáis; degustar sushi fresco a primera hora de la mañana, en el mercado de la bahía; tomar una copa en el último piso de un rascacielos; recogerse en un antiguo templo budista o degustar un café servido por una chica disfrazada de colegiala son algunas de las posibilidades que brinda al turista esta ciudad milenaria que, ahora añade a sus múltiples adjetivos el de “olímpica”.

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