Para los que todavía no lo conocen, Google Earth es un programa informático que permite contemplar imágenes en tres dimensiones de todo el globo. Combina mapas y tomas de satélite, con el motor de búsqueda de Google, permitiendo ver imágenes a escala de casi cualquier lugar del planeta. Y es, precisamente, ese “casi” una de las cuestiones que han convertido en noticia al programa estos días; porque ciertas páginas web de noticias -como Yahoo! news- y algunos diarios, como ABC, han publicado una curiosa lista de los lugares cuya contemplación a través de Google Earth está vetada.
Casi todos los lugares cuya contemplación está prohibida, están relacionados con la seguridad de sus países. Algunos de los más llamativos son el Palacio Real de Holanda, la ciudad de Babilonia en Iraq o una planta de energía en el Campus de la Universidad de Ithaca, en Estados Unidos. Sin embargo, resulta curioso comprobar que otros lugares que a priori podríamos esperar que estuvieran censurados, pueden verse con toda claridad, como es el caso de la Casa Blanca o del Palacio de Moncloa.
También estos días hemos sido testigos de un emocionante suceso que ha encontrado un final feliz gracias a Google Earth. Se trata de la historia de Saroo, un niño hindú que en 1986, con tan sólo 5 años, se quedó dormido en un autobús y amaneció en Calcuta. Sin saber el nombre de su pueblo natal, no pudo reunirse con su familia y, tras vivir en un orfanato, fue adoptado por una familia de australianos. Pues bien, 25 años después, Saroo se reencontrado con su madre. Lo ha conseguido calculando la distancia que habría desde Calcuta a su pueblo, basándose en la velocidad y en las horas que pasó en el tren. Partiendo de esta premisa,buscó por la zona con el asombroso programa de Google una ciudad que estuviera cerca de una catarata, donde recordaba jugar de niño. Y la encontró. Y se reunió de nuevo con su familia.
Como veis, esta aplicación da para muchas noticias y comentarios, no deja de sorprender. Y es que, aunque para los más jóvenes esta es una herramienta “normal” y habitual; nosotros, los más mayores, nunca hubiéramos soñado con tener el planeta en la palma de nuestra mano.









