Los rescoldos del judaísmo

La historia de Europa es una historia con una dramática amputación, una pérdida que ya nunca podremos restituir y que nos empobrecerá para siempre. Pero nos queda la memoria. Y el rastro, la huella de la presencia de un pueblo que fue una parte más de nosotros mismos hasta que la barbarie lo destruyó u obligó a su marcha.

Los judíos europeos no fueron, sin embargo, un conjunto homogéneo. Estuvieron ramificados en dos grandes grupos, sefardíes y askenazis, sufrieron persecuciones y expulsiones que obligaron a distintas renuncias, estrategias comunitarias y reubicaciones, y vivieron más o menos asimilados a las poblaciones cristianas de cada lugar, según las circunstancias de ésta y las de cada uno de sus miembros.

Con todo, existieron ciudades y pueblos que tuvieron una importancia muy señalada en la vida hebraica y barrios o ghettos que agruparon a números importantes de ellos. Hoy, como parte de un deber de justicia, algunas organizaciones tratan de recuperar ese legado y se va estableciendo una red que agrupa las principales juderías del continente.

La Red de Juderías de España ha mostrado una actividad sobresaliente en ese ámbito. Con 21 ciudades integradas en ella, algunas verdaderas capitales de la diáspora en su momento, como Girona, Toledo o Córdoba, permiten un redescubrimiento de la vieja geografía sefardí en el que no faltan visitas guiadas a museos, sinagogas y exposiciones, muestras gastronómicas y actividades divulgativas.

Además, el Consejo de Europa ha elaborado una gran ruta cultural que agrupa a aquellos enclaves que mejor han conservado los vestigios de un inmenso mundo que la Segunda Guerra Mundial –y muchos enconos previos- destruyó sin remedio. Y también se puede seguir el prodigioso periplo de Benjamín de Tudela, que recogió sus impresiones en un hermoso libro que narra como desde su nativa Navarra llegó a los confines de Mesopotamia en el siglo XII, haciendo múltiples escalas en ghettos doquiera de ese trayecto.

De Praga a Estambul y de Varsovia a Sarajevo, son muchas las muestras arquitectónicas y documentales con las que el viajero puede adentrarse en una parte fundamental de nuestra civilización que mitad por desdén mitad por vergüenza ha permanecido arrinconada. Incluso podrá dar con aquellas pequeñas comunidades supervivientes de judíos europeos que aún enriquecen y hacen más diversa la existencia europea.

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