Decoración, naturaleza y arte. Son los elementos de los que se compone el Ikebana, una disciplina sobre arreglos florales llegada desde Japón y que se está poniendo de moda en los hogares occidentales.
El Ikebana lleva los arreglos florales más allá de la ‘simple composición’. Expresa la espiritualidad, el disfrute del momento de la creación a través del cual acercarse a la Naturaleza. No es meramente un trabajo manual, implica una actividad para la meditación, y por ello se realiza en silencio, para apreciar cada movimiento que se realiza al crear el arreglo floral. Se fomenta la observación, la paciencia y la introspección. Se busca ser más tolerante y aceptar las diferencias no solo en la naturaleza sino también con las personas.
No es extraño que el origen del Ikebana se sitúe en Japón (introducido en el siglo VI con la llegada del budismo), teniendo en cuenta el vínculo que la sociedad nipona tiene tanto con el con el entorno natural como con el urbano y la unión que de ambos mundos realiza. Así, es típico que incluso en un entorno urbano, donde el asfalto y los grandes edificios dominan el paisaje, los japoneses siempre tratan de tener cerca de ellos algo de naturaleza. Por ello no suele haber en Japón casa que no presente alguno de estos arreglos florales con los que se trata de crear un vínculo entre el interior y el aire libre.










