Frío para siempre

Aunque sea con últimos coletazos de frío como este año, cuando termina el invierno y las temperaturas empiezan a ascender es el momento para tomarse unas pequeñas molestias de mantenimiento de la nevera. Uno de los electrodomésticos más imprescindibles de nuestro tiempo y que, sin embargo, no todo el mundo sabe qué cuidados requiere y que forma es la más adecuada de garantizar su duración y buen funcionamiento.

La primera misión de un frigorífico es guardar bajas temperaturas. Su dispositivo eléctrico lo permite, lo que no quiere decir que no sufra oscilaciones problemáticas para el dispositivo si no se le ayuda a cumplir esa función con eficacia: no introducir comida caliente y dejar  que primero se enfríe fuera. No dejarla abierta durante largos ratos o abrirla y cerrarla de forma continuada. Además, a partir de los 8 segundos continuados de abertura, el consumo crece preocupantemente.

Para evitarlo, tener los alimentos bien ordenados y repartidos nos será de gran ayuda. Además, de ese modo contribuiremos al segundo pilar del mantenimiento: la limpieza. Como mínimo un par de veces al año hay que vaciar el frigorífico y acometer su fregado. Así conseguimos que la acumulación de bacterias no arruine antes nuestros víveres, que restos de papel y comida no obturen los conductos y que los olores concentrados durante varios meses acaben por impregnarse en todo lo que introduzcamos. Para limpiar bastará con agua jabonosa. Por supuesto, con el aparato apagado. Una vez concluida la tarea, un botecito de agua con limón o vinagre ayuda a mitigar hedores futuros.

El tercer y último  pero vital aspecto es la  descongelación periódica. Lo mejor es que podamos desenchufar la nevera durante unas horas. Para ello conviene ser un poco previsor y esperar a que se haya agotado todo lo que tengamos en el congelador. Pero si esa situación nos resulta inviable y no podemos permitirnos desconectarla de la red durante mucho tiempo, siempre podremos acelerar el proceso: derretir el hielo con un pequeño secador de pelo o introducir una olla de agua hirviendo para que suelte su vapor, así como utilizar un rascador de plástico o madera (para no rayar la superficie). Los que quieran métodos expeditivos también pueden recurrir a sosa diluida, pero luego han de asegurarse de no dejar ni rastro de la tóxica sustancia.

Piense por último en sus verdaderas necesidades a la hora de comprar un nuevo frigorífico, y recuerde que aquellos catalogados como de clase A son un poco más caros pero también más duraderos y de gasto más reducido.

Comentarios

Deja un comentario