Según se recoge en el Barómetro de Opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) correspondiente al mes de octubre, la familia es lo más importante para los españoles, seguida del trabajo y los amigos. Pero desafortunadamente no todo el mundo cuenta con una familia o ésta reúne las condiciones adecuadas, especialmente cuando se trata de la atención de los más pequeños. De hecho, España es el país de Europa occidental con mayor número de menores en situación de abandono o desamparo y miles de niños necesitan cada año la protección o la tutela de la administración. Pero algunos de ellos evitarán pasar por centros de acogida gracias a las familias canguro que participan en los programas de acogimiento familiar, regulado en la ley de promoción y protección a la infancia de 2002.
No es adopción. No es tener un hijo temporalmente. Es atender las necesidades de niños y adolescentes desprotegidos, en situación de riesgo o desamparo y sin ‘empujar’ a su familia biológica fuera de su ámbito emocional, sino buscando la conciliación con la misma al tiempo que se evita su institucionalización. Además, la acogida familiar permite un mejor desarrollo de los menores al proporcionarles un ambiente familiar estable cuando se encuentran en una situación de desamparo y mientras sus padres solucionan los problemas.
En cuanto a los beneficios para los menores acogidos, se ha constatado que el 82% de los niños experimenta cambios físicos (crecimiento, talla y peso) favorables, el 90% mejora su integración escolar y el 74%, su expresión y la aceptación de emociones.
Los únicos requisitos para acceder a estas acogidas temporales (puede ir desde días hasta un máximo de dos años, según la situación del niño y las medidas jurídicas que se tengan que tomar) son: ser parejas o familias monoparentales de entre 25 y 55 años en las que al menos uno de los componentes pueda dedicarse al menor a tiempo completo y tener experiencia en el cuidado de niños. Además, deben realizar un curso de formación para probar su idoneidad y, sobre todo, concienciarse de que se trata de una medida transitoria que pretende ofrecer un ambiente familiar al niño que lo necesita, pero no que la familia de acogida tenga un hijo más.
En cualquier caso no hay que olvidar que dentro del trabajo de las familias de acogida está el mantener y propiciar la relación y vinculación con la familia biológica del menor y prepararle para su regreso a ella.









