Cuando hablamos del trueque nuestra mente se va unas cuantas centurias atrás. Sin embargo esta última crisis económica ha provocado el resurgimiento de esta forma ‘primitiva’ de comercio en el que se intercambian bienes y servicios. Y no sólo en pequeños mercados, sino que ha llegado al mundo inmobiliario.
Ya en los años 50 profesores europeos adoptaron la práctica del intercambio de viviendas en el ámbito vacacional, ya que disfrutaban de largas temporadas de ocio y sufragar una estancia tan larga en cualquier lugar era muy costoso. Esta tendencia no sólo se consolidó en los 90, sino que se extendió a todo tipo de personas.
Ya en 2008 los trueques de vivienda se erigieron como una opción útil en la primera etapa de la crisis económica/hipotecaria, y ahora se están consolidando como una alternativa sólida a la compraventa tradicional, estancada en la actualidad –a pesar de la bajada de los precios- fundamentalmente a causa de las dificultades para conseguir financiación debido a la desconfianza de las entidades de crédito y la subida del Euribor.
Prueba de que el fenómeno del trueque inmobiliario va tomando fuerza es el hecho de que cada vez son más los anuncios con ofertas y peticiones de esta práctica que aparecen en diferentes foros de las webs del sector inmobiliario como es el fotocasa.es.
Hay varios perfiles de las personas que optan por intercambiar su casa. Tal vez el más generalizado sea el de aquellas que compraron su casa en los tiempos en los que acceder a la compra de un piso era muy fácil en un ambiente de bonanza económica y que sin embargo ahora no pueden hacer frente a sus gastos, especialmente el de la hipoteca. Como vender su casa para poder liquidar la deuda y adquirir otra casa más acorde a sus posibilidades es misión casi imposible (al menos a corto o medio plazo), optar por el intercambio supone la ventaja de ganar tiempo, ya que al emplear como medio de pago la vivienda no hay que hacer líquido el inmueble para comprar la nueva vivienda con ese dinero. Además, a parte de contar con una vivienda más acorde a sus necesidades, es probable que se pueda sumar un montante económico más que interesante resultante de la diferencia de dejar una casa y adquirir otra más barata.
Por otro lado podemos encontrar aquellas otras personas que es la necesidad de contar con una vivienda mayor por haber crecido la familia. En este caso, pueden permutar su vivienda por una mayor, con la ventaja ventaja, como en el caso anterior, de vender su vivienda y adquirir una nueva en el mismo momento.
En definitiva, según los expertos, la ventaja es doble: un considerable ahorro de tiempo al contactar directa y simultáneamente oferente/demandante, demandante/oferente, además de tener más posibilidad de no tener que rebajar de forma sustancial el precio.
En lo que se refiere a la cuestión de los trámites burocráticos, la permuta se ha de entender como dos compraventas, con la única diferencia de que el medio de pago empleado, es un bien distinto en lugar de dinero. Así, el artículo 1538 del Código Civil define la permuta como un contrato por el cual cada uno de los contratantes se obliga a dar una cosa para recibir otra. Es un contrato de cambio “in natura” que se caracteriza por la inexistencia de precio en dinero (lo que no quiere decir que parte del precio pueda completarse con dinero). Por lo tanto, al considerarse una compraventa, aunque doble, por lo que los trámites son los mismos que en una compraventa normal: otorgamiento de escritura pública, liquidación de impuestos (Transmisiones Patrimoniales Onerosas), inscripción en el Registro de
En el caso, que suele ser lo más habitual, de que una o las dos viviendas tengan una hipoteca pendiente también se actuará como en una compraventa tradicional, al igual que lo que se refiere a las implicaciones fiscales.









