Aceites usados: de la freidora a al depósito de gasolina

Uno de los principales residuos que se generan diariamente en casa y que menos se recicla es el aceite de cocina usado (vegetales). Una familia de 4 miembros genera anualmente entre 18 y 24 litros de aceite usado (sobrante de frituras, grasas y asados, de alimentos enlatados, manteca de cerdo, o grasas estropeadas y caducadas), de los que la gran mayoría, unos dos tercios, acaba en las alcantarillas tras su vertido por los desagües, provocando el atasco de tuberías además de plagas urbanas y la contaminación de los caudales, ya que a pesar del trabajo de las plantas de tratamiento de aguas residuales, los aceites forman una película en la superficie de las corrientes de agua que afecta a su oxigenación y por tanto a la vida de su ecosistema, lo que puede generar un auténtico atentado si se tiene en cuenta que se calcula que un litro de aceite puede contaminar mil litros de agua. En cuanto a los aceites industriales (bastan dos litros para contaminar el agua de una piscina olímpica o la superficie de dos campos de fútbol) la cuestión empeora, ya que su elevado contenido en metales pesados y su baja biodegradabilidad le convierten en una amenaza para los suelos, que pueden perder su fertilidad, y para las aguas, tanto superficiales como subterráneas, donde puede perdurar hasta 15 años.


 


Sin embargo gran parte de estos efectos los podemos paliar reciclando bien en casa o facilitando su ‘reconversión’. Por lo que al aceite ‘casero’ se refiere, éste puede convertirse en jabón, que podremos utilizar para lavar la vajilla, ropa e incluso decorar. Lo primero es filtrarlo con un colador o tela para dejarlo limpio de residuos. Además del aceite es necesaria agua (a partes iguales) y unos 20 grs. de sosa cáustica (disponible en cualquier droguería) por cada 125 cm3 de aceite. Se puede añadir algo de lejía y para dar buen olor algo de suavizante, aceite esencial o perfume. También podemos poner colorante (vale el que se utiliza en pastelería). Primero se calienta el agua, y con mucho cuidado la vertemos en un recipiente y ya añadimos la sosa (altamente corrosiva). Cuando la mezcla deja de ‘burbujear’ se incorpora el aceite, la esencia y demás ingredientes mientras se va removiendo hasta formar una goma gruesa (esto puede llevar una media hora, si tras la cual no ha espesado se puede añadir sal). Lo podemos verter en diferentes moldes o en uno único, donde se dejará enfriar al menos 24 horas (mejor si se deja varios días) hasta que se solidifique. Aquí se puede ver un EJEMPLO.


 


La forma más habitual de reciclar el aceite es convirtiéndolo en biodiesel (incluso en casa), ya que por cada litro de ‘aceite casero’ se puede lograr un itro de un biocombustible para motores diésel, aunque algunos expertos recuerdan las limitaciones de producir este tipo de combustible de forma casera, que aunque pueden funcionar a pequeña escala, no cumplen con la norma EN14214, que especifica cómo debe ser el biodiésel y que aceptan los fabricantes. De esta manera, un biodiésel que no cumpla este criterio perdería la garantía en caso de avería del vehículo. Además, la producción casera puede ser incluso ilegal si no se asumen una serie de requisitos bastante estrictos de tipo medioambiental (el metanol es un producto peligroso) y tributarios (hay que declarar la producción, aunque después se aplique la exención).


 


Pero si no tenemos tiempo o ganas de ejercer de alquimistas, hay más alternativas que tirar el aceite usado por el fregadero. Es mejor guardarlo en un recipiente y llevarlo a uno de los cada vez más numerosos puntos limpios. O al menos envasarlo y tirarlo a la basura, ya que al ser un material biodegradable acabará siendo pasto de microorganismos que lo integren en el ciclo natural. 


 


En cualquier caso el aceite usado tiene muchas salidas. Industrias tan diversas como la química, la cosmética o la farmacéutica se aprovechan de este residuo para elaborar abonos, barnices, cera, cremas, detergentes, jabones, lubricantes, pinturas, velas, etc. Además, uno de los principales ‘engorros’ que es su manipulación se puede facilitar gracias a el sistema de solidificación del aceite de la empresa Frito Limpio; Se compra en botes, y para su utilización basta echar una cucharada del producto en la sartén cuando el aceite aún está caliente. En media hora se habrá convertido en una pastilla sólida que puede cogerse con la mano en una pieza y guardarla para llevar a reciclar.


 


Como siempre en estas cuestiones, la concienciación de los consumidores es fundamental, y además de llevar a reciclar su aceite usado, se puede solicitar a los responsables institucionales que implanten algún sistema de recogida, o que mejoren el sistema que ya se utiliza.

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