Ya hemos hablado en repetidas ocasiones de la inestimable labor de los abuelos como cuidadores o canguros de sus nietos. Muchas son las familias que, no pudiendo permitirse pagar una niñera o una guardería, dependen de los mayores de la casa para que cuiden de sus retoños. Casi todos lo hacen encantados, ya que ayudar a la familia forma parte de filosofía de vida, aunque muchos, como hemos denunciado en ocasiones, se ven sobrepasados por un responsabilidad que, en realidad, no les corresponde a ellos.
A la luz de esta realidad, está claro que, ya sólo por hacer de cuidadores de sus nietos, los abuelos constituyen un aporte económico importante para las familias españolas; pero, cada vez son más los casos en los que nuestros mayores, además, contribuyen a la subsistencia del núcleo familiar ayudando -con lo poco de sus pensiones- en los pagos de hipotecas y créditos; pagando la alimentación o las actividades extraescolares de los nietos; o asumiendo gastos de ropa y calzado. Así lo hemos podido descubrir en un artículo del diario Público, en el que se analiza la difícil situación de algunos de nuestros seniors, a la luz de los datos publicados por Mensajeros de la Paz. Y es que, según un estudio realizado por la mencionada asociación, cerca del 49% de las familias españolas subsisten gracias a la ayuda de nuestros mayores y, desgraciadamente, en muchos casos, sus reducidas pensiones se convierten en el único ingreso del núcleo familiar.
Esta situación se repite también en las familias sin nietos, son muchos los adultos de entre 30 y 50 años que se encuentran en situación de desempleo y no tienen más remedio que volver al domicilio familiar y vivir gracias a la ayuda paterna; aunque, como explica María Antonia Camacho, la directora de proyectos de Mensajeros de la Paz, “la atención a los nietos es el servicio estrella”.
Nuestros mayores están acostumbrados a arrimar el hombro y salir airosos de las dificultades, sin embargo, es una verdadera pena que estén pagando las consecuencias de esta crisis justo cuando, después de todo lo que les tocó vivir, parecían haber alcanzado una situación de mayor bienestar. Por suerte, ellos se lo toman con mucha filosofía y, sobre todo, con mucho amor; ya que, según la encuesta a la que nos hemos estado refiriendo, para el 67% de los encuestados lo primero es su familia, incluso por encima de su propia salud.









