El Instituto Nacional de Estadística ha publicado las últimas cifras sobre crecimiento demográfico en España. De ellas se desprende que, durante los últimos cuatro años, el número de nacimientos ha descendido en un 12,8 % desde que alcanzara su tasa máxima, en el año 2008.
¿A qué se debe este descenso? Pues, principalmente, a una menor fecundidad; la media de número de hijos por pareja ha descendido desde 1.44 hasta 1.32. Se trata de los hijos de una generación que nació en plena crisis demográfica de los ochenta; aunque esto no debería ser influyente per se, ya que, en contraposición a las cifras de natalidad, estos días se han alcanzado las cotas más altas de los últimos tiempos, en cuanto a número de matrimonios. Es decir, hay más parejas estables que nunca, pero tienen menos hijos. En este sentido, la crisis está siendo decisiva, su prolongación en el tiempo está retrasando que muchos matrimonios se decidan a tener hijos.
Otro factor influyente, además del descenso de los nacimientos, es el de la tasa de mortalidad. Si hace cuatro años el número de defunciones se cifraba en 8.4 por cada mil habitantes, hoy se sitúa en 8.6; situando la esperanza de vida en 79.3 años, para los hombres, y 85 para las mujeres.
Más allá de las visibles consecuencias demográficas y el progresivo envejecimiento de la población, son alarmantes las consecuencias económicas de esta realidad. La preocupación sobre si subsistirá el sistema de pensiones a largo plazo parece estar siempre sobre la mesa; otros países europeos con tasas igual de preocupantes, ya han empezado a tomar medidas en este sentido. Promover la maternidad, tanto con medidas económicas, como publicidad a su favor, empieza a ser necesario y urgente.









