Crisis y matrimonio

Aunque la edad de la famosa “crisis de la madurez o crisis de los cuarenta” se ha retrasado durante los últimos años, lo cierto es que, ya sea con cuarenta o con cincuenta, la mayoría de las personas, vivan o no en pareja, experimentan una suerte de bache existencial que en mayor o menor medida descoloca totalmente su vida.

Según un análisis realizado por el Foro de la Familia sobre este tema, existen algunas causas muy claras que pueden convertirse en el desencadenante de un problema más grande si no se identifican y se tratan cuando corresponde.

Reparar en que ya no existen objetivos que alcanzar en la vida de pareja, enfrentarse a la marcha de los hijos, los cambios físicos y psicológicos de la edad, un cambio paulatino en la escala de valores, acomodarse a una forma de vida basada en el materialismo, descubrir que no se han alcanzado ciertas metas o que el matrimonio es anodino y constituye una carga muy difícil de llevar, buscar experiencias nuevas para salir de la rutina o pensar los sueños que no se han cumplido son algunas de las situaciones que se repiten en casi todas las parejas.

Se trata de sentimientos normales, no está mal hacer una valoración de lo que se ha vivido cuando se alcanza la madurez. Lo importante es la forma de gestionar lo que se descubre, estar preparados y tener las herramientas necesarias para afrontar las partes negativas y sacarle partido a las positivas, que también las hay.

En este sentido es necesario fomentar el optimismo, luchar por descubrir las partes buenas de lo que se ha alcanzado en la vida y valorar el esfuerzo y los resultados de todo lo vivido como pareja. Disfrutar de los logros, fomentar ilusiones a largo plazo con la pareja, emprender proyectos juntos.

En la juventud es muy positivo trabajar la autoestima y la sinceridad. Saber hablar de lo que nos pasa con nuestra familia es el primer paso para sentirse mejor y no dejar que una situación normal pueda terminar en una desagradable ruptura.

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