Casas de ‘quita y pon’

Los nuevos materiales y los avances técnicos han permitido que las casas modulares, más conocidas como prefabricadas, sean hoy una opción cómoda, de calidad y más económica y ecológica que las construcciones ‘tradicionales’.


 


Mucha gente aún tiene una imagen de las casas prefabricadas de cómo eran en un principio, como algo esporádico, con un estigma de ser de una mala calidad. Pero esos días ya han acabado. Hoy en día hay muchísimas opciones, estilos y diseños a elegir, pudiendo ser, por lo general, de madera, metálica o de hormigón. Además, pueden reunir un gran número de habitaciones e incluso estar hechas a medida y diseño que más guste. En cualquier caso, la casa prefabricada moderna es una gran opción si se buscan flexibilidad, diseño, elegancia y originalidad a bajos precios.


 


Las casas modulares prefabricadas son simplemente una casa que tiene sus componentes producidos en una fábrica, por módulos, y no en no en el enclave en el que se ubicará. En otras palabras, es una casa hecha por partes, por módulos construidos en una fábrica para luego ser ensamblados, como si de un gigantesco Lego o Mecano se tratase.


Su base estructural consiste en un sistema de perfilería de chapa de acero galvanizada, con las uniones atornilladas en una amplia gama de medidas estándares. Sobre este esqueleto se colocan, también en diferentes medidas estandarizadas, las piezas para constituir los sistemas de forjado, cerramientos y techos.


 


Entre las ventajas de estas ‘construcciones’ se encuentra la posibilidad de ampliar su superficie mediante el añadido de nuevos módulos.


Otra de las ventajas, y dados los tiempos de crisis tal vez la más interesante, es su precio, ya que el coste de estas viviendas puede ser alrededor de un 60% inferior que los sistemas tradicionales, si tenemos en cuenta que el precio medio de su metro cuadrado es de unos 800 euros. Esto supone que, por ejemplo, una vivienda de 50 metros cuadrados costaría unos 40.000 euros, frente a los más de 100.000 que supondría construir un espacio similar mediante el sistema tradicional.


Una de las características más destacables es el tiempo que se ha de emplear, ya que más o menos en un mes es posible construir una de estas viviendas prefabricadas de unos 50 metros cuadrados, a lo que hay que sumar la agilidad para conseguir los permisos para la ejecución de la obra.


Una ventaja más es la calidad, tanto de los materiales como de la construcción misma. Y es que las viviendas prefabricadas son energéticamente más eficientes que una vivienda convencional. Sus diseños con mayor aislamiento, y en muchos casos materiales de mejor calidad, permiten ahorrar dinero en costos de calefacción y aire acondicionado. Además los materiales utilizados para construir una casa modular no están expuestos a las inclemencias del tiempo sino que se mantienen en un ambiente de temperatura controlada eliminando así el riesgo de materiales desgastados, fallados y/o arruinados, sin olvidar que las inspecciones de calidad normalmente se realizan 3 veces más que en una construcción estándar, y se llevan a cabo durante todo el proceso para garantizar la calidad del producto final.


 


Como contrapartida hay que señalar que con este tipo de viviendas los bancos no conceden créditos hipotecarios para su financiación, ya que la ley las consideran bienes muebles, móviles, al no estar adheridas al suelo. Sin embargo, las casas modulares se hacen equivalentes a bienes inmuebles una vez que ellos son permanentemente fijados en la obra de la construcción y no pudiendo cambiar de lugar sin que su estructura quede afectada.


En cuanto a permisos y demás requisitos legales, aunque los sistemas de construcción de carácter transitorio no cuentan con una normativa específica que los regule, sí deben adaptarse a la normativa de cada comunidad autónoma o municipio y al Código Técnico de la Edificación (CTE): el marco normativo que establece para toda España las exigencias de seguridad y habitabilidad que deben cumplir los edificios, según la Ley 38/1999 de 5 de noviembre, de Ordenación de la Edificación (LOE). En líneas generales se demanda una habilitación por parte de los ayuntamientos para poder acceder a servicios como electricidad y agua. Así, se requieren una serie de trámites y de servicios de profesionales como la inscripción de la obra en el registro de la propiedad, la firma de finalización de la obra por parte del colegio de arquitectos, que permitirá acudir al ayuntamiento para que envíe un arquitecto municipal que inspeccione el lugar y otorgue la aprobación para obtener la cédula de habitabilidad, necesaria para dar de alta los servicios básicos (luz, agua, gas) y una vez hecho esto, acudir al Registro de la Propiedad para la declaración de obra finalizada.


 

Además, la normativa, aprobada en 2006, determina una serie de exigencias básicas de habitabilidad, que deben garantizar “los agentes que participan en el proceso de edificación”. De esta manera, el CTE establece unos requisitos básicos de “seguridad estructural”, “seguridad en caso de incendio”, “seguridad de utilización”, “higiene, salud y protección del medio ambiente”, “protección contra el ruido” y “ahorro de energía y aislamiento térmico”. El cumplimiento de esta normativa está a cargo de quien ejecuta la obra, cualquiera que sea su método o su coste final.

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