El ‘boom inmobiliario’ no sólo ha contribuido a la actual crisis económica, sino que además ha llevado a un tipo de construcción desmesurada, ‘rápida’ y en bloque. Es lo que se podría denominar una ‘fast home’ (‘casa rápida’), haciendo un paralelismo con la ‘fast food’ o comida rápida tan en auge en nuestra sociedad. Afortunadamente el tiempo parece estar empezando a poner las cosas en su sitio, apareciendo las figuras antagonistas de estos conceptos. Así, hace ya más de dos décadas (en 1986) daba sus primeros pasos el movimiento ‘Slow food’ (‘comida lenta’) con el propósito de potenciar y conservar las gastronomías tradicionales de cada zona, con sus productos propios y característicos y métodos de cultivo tradicionales y que todo ello se pueda disfrutar con tranquilidad y en compañía. Este espíritu se ha extendido por la geografía y también a otras facetas de la vida, como la vivienda, dando lugar a la ‘slow home’, un movimiento impulsado por los arquitectos John Brown y Matthew North, que consideran que las casas mal construidas son como la comida rápida, malas para los consumidores y para el medio ambiente.
Más del 60% de las viviendas están mal construidas. Y no únicamente aquellas construcciones caras hechas a contrarreloj y en bloque responden al prototipo de ‘fast home’. También puede serlo una casa lujosa o con materiales caros. La verdadera diferencia se encuentra esencialmente, más que en el estilo, el tamaño o el coste, en la calidad del diseño subyacente, que ha de aprovechar los recursos que da el entorno, respetarlo y ayudar a sus habitantes a vivir mejor.
Como concepto central hay que tener en cuenta que una ‘slow home’ ha de ser cómoda, eficiente, fácil de utilizar y respetuosa con el medio ambiente.
CARACTERÍSTICAS DE LAS ‘SLOW HOME’

Brown y North ofrecen una serie de principios para que los usuarios puedan identificar una vivienda de este tipo:
.- Ecológicas. Se establecen en lugares en los que no provoquen un impacto medioambiental y en su construcción se emplean materiales sostenibles y tecnologías que reduzcan la huella ecológica. Siempre que sea posible, se ha de optar por aprovechar una casa ya construida en comunidades ya creadas.
.- Saludables. Al evitar procesos de construcción y materiales tóxicos, se protege la salud de sus habitantes. Además el entorno en el que se ubican suele permitir la práctica de ejercicio.
.- Pequeñas y diáfanas. Se da más importancia a la calidad que a la cantidad. Con un diseño adecuado se consigue que una casa de proporciones más pequeñas funcione mejor y sea más confortable que una más grande peor diseñada.
.- Simples y modernas. No hay espacios muy fragmentados ni innecesarios. Por el contrario se opta por habitaciones espaciosas, luminosas y prácticas, teniendo presentes las necesidades de las personas. Se huye de los supuestos estilos y materiales elegantes o históricos. Por el contrario se acude a diseños modernos con un uso sostenible de los materiales y los recursos, junto con una calidad de vida para sus inquilinos.

Las constructoras que se ocupan de estos proyectos no piensan únicamente en ganar dinero. Para ellas la prioridad son las personas que han de habitar la vivienda, las características de la casa y su entorno.
En la web Slow Home de los arquitectos John Brown y Matthew North se pueden conocer las diferentes iniciativas que han puesto en marcha para difundir este nuevo concepto, además de ofrecer todo tipo de información, ejemplos y consejos.









