Tras las vacaciones de verano llega la vuelta al trabajo, para algunos; la “depre post-vacacional”, para otros, y la nostalgia y el recuerdo de los buenos momentos, para la mayoría; mientras que para los más pequeños de la casa lo que toca es la famosa “vuelta al cole”: libros, uniformes, material escolar, ganas de empezar de nuevo y pena por la llegada del final del verano. Con la crisis y la subida del IVA, las familias tendrán que desembolsar cerca de un 6% más que el año pasado, lo que significa que la vuelta al cole de cada hijo costará alrededor de 800 euros; sin duda, una cifra demasiado elevada para los tiempos que corren.
Estando así las cosas, muchas familias no podrán permitirse contratar ayuda externa para cuidar de los niños fuera del horario escolar y, según indican las cifras, cada vez son más las familias que piden ayuda a los abuelos en vez de dejar a los niños en guarderías o con alguien que les cuide por las tardes. Sin embargo, esta decisión no es puramente económica, también está basada en la confianza que los padres depositan en los abuelos. Si bien es cierto que las guarderías ofrecen el cuidado de profesionales y la oportunidad de que el niño socialice, los abuelos constituyen un pilar en la familia y casi todos los padres suelen coincidir en que sus hijos con quien mejor están es con los abuelos.
Por otro lado, a los padres tampoco les gusta abusar de los abuelos, pero los problemas económicos se unen a la dificultad para escoger centro educativo cerca de casa. El próximo 7 de septiembre comienza el curso escolar en Aragón y cerca de seiscientas familias llevarán a sus hijos a un centro que no eligieron como primera opción, algunos padres incluso han decido no matricular a sus hijos este año, ya que la enseñanza no es obligatoria hasta los seis años.
Y es que la vuelta al cole no es sólo “cosa de críos” y dada la situación las familias se unen como una piña para ayudarse en la medida de lo posible, siendo una vez más los abuelos, un pilar imprescindible para su funcionamiento.









