Como un espejo

Esta época de buen tiempo es la más propicia para poner en orden nuestra casa y decidirnos a hacer aquellas labores y reformas necesarias parea mantener en forma nuestro hogar pero que resultan un tanto engorrosas como el barnizado del parquet y otros suelos de madera.


 


Aunque es una tarea más propia de un profesional, barnizar un suelo de madrera puede hacerlo uno mismo si es más o menos habilidoso. El secreto está, sobre todo, en un buen lijado y en ser rigurosos en los tiempos de secado entre mano y mano de barniz. Por lo que al lijado se refiere, es conveniente dar un acabado con lija fina para que quede suave al tacto. Además, hay que ser meticuloso a la hora de limpiar el polvo generado, para que no queden restos. En cuanto a la tarea propiamente de barnizar, ya hay que tener en cuenta varios factores…


 


A la hora de aplicar el barniz, lo primero que hay que hay que tener en cuenta es empezar por la parte de la habitación donde incide más la luz, para que se ese modo podamos ir viendo cómo queda y los posibles defectos y poder corregirlos sobre la marcha.


En la primera capa, el barniz debe estar diluido para que no se formen burbujas y para ello mezclaremos entre un 10 y un 15% de barniz con disolvente (preferiblemente el que recomiende el fabricante).  Una vez aplicada esta primera mano, dejaremos secar unas 20 horas, lijaremos suavemente (mejor con lijadora y orillera con lija fina –grano 100- ) para quitar el repelo de la madera y limpiaremos el polvo. De este modo ya podemos aplicar tantas capas como queramos (lo normal son 2 ó 3), eso sí, esperando siempre entre cada una de ellas 24 horas para que se sequen y se puedan pisar.


 


Otro punto a tener en cuenta a la hora de aplicar el barniz es la forma del suelo. Si éste está colocado con tablilla en diferentes direcciones, verteremos el barniz en el suelo –suficiente para cubrir un metro cuadrado- y se extenderá con una brocha (específica para barnizar) haciendo movimientos en forma de media luna. En el caso de que todas las tablas estén en un mismo sentido, el barniz se ha de aplicar siguiendo el sentido de la veta de la madera. También habrá que evitar las corrientes de aire, ya que pueden hacer que se formen burbujas y se pegue el polvo. Para un adecuado secado, tendremos cuidado de que la temperatura ambiente no sea muy alta.


 


Tan importante como el modo de aplicación es el propio producto que vamos a emplear. En el mercado se encuentran diferentes tipos de barnices, según su composición química. Los más habituales son los de urea-formol y los de poliuretano. El primero, se caracteriza por la dureza que adquiere al secarse (eso le hace paradójicamente más frágil, ya que se agrieta más fácilmente con los golpes y el paso del tiempo) y por su acabado transparente. Es muy económico, pero el olor que desprende tarda varios días en desaparecer.


El barniz de poliuretano es especialmente resistente (sobre todo a golpes, abrasiones y rayados) y tiene una gran adherencia, además de no mancharse con el contacto de productos como la leche, el vino, el vinagre o el aceite. Sin embargo su principal inconveniente es tu ligera tendencia a amarillearse.


 


Si después de estas indicaciones te animas a ‘lavarle la cara’ a tus suelos de madera, te dejamos un vídeo demostrativo.

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