La solución más familiar

Casi cualquier experto a quien consultemos nos lo dirá: un hogar estable, en el que los progenitores vivan en concordia y se expresen mutuo afecto, es el mejor ambiente para que crezca un niño. Pero cuando por incontables motivos esa relación se quiebra, la prolongación de la vida bajo un mismo techo, jalonada de reproches y discusiones, sólo añadirá sufrimiento  a la ya de por sí traumático experiencia. Es ahí cuando también los expertos recomiendan la separación y el acuerdo para repartirse bienes y responsabilidades paternales de manera sensata.

El problema es que no siempre se consigue que los padres estén por encima de sus recelos y resentimientos y que no conviertan su paternidad en un campo de batalla…que los hijos padecen más que nadie. Es en esos casos, cuando no hay entendimiento y median demandas judiciales, que muchas situaciones familiares corren el riesgo de deteriorarse irreversiblemente. Porque si bien en España es innegable que las mujeres han padecido diversas discriminaciones sociales, también es palmario que, cuando se trata de dar la custodia de un hijo, son los hombres quienes han llevado las de perder.

Manipulaciones para crear animadversión hacia la parte que no tiene la custodia, escuálidos regímenes de visita e impunidad de las argucias y tramas para dificultarlas han sido un pan nuestro de cada día que asociaciones de padres divorciados vienen denunciando desde hace años.
Por lo que ello supone de agravio y discriminación, parece que nuestro sistema legal, en armonía con lo que ya sucede en otros países europeos como Francia, Bélgica, Italia, Noruega y etcétera, camina hacia el establecimiento de la custodia compartida como marco habitual de resolución de este género de conflictos. Hasta ahora, cuando no hay acuerdo entre los padres, el código civil español contempla esta fórmula como excepcional. Sin embargo, el anteproyecto del Código de Familia elaborado por la Generalitat de Catalunya, al amparo de su derecho civil propio, troca esa excepcionalidad en preferencia. Una reforma que podría tener eco en el resto del estado, y que supondría un gran cambio en la forma de atender los asuntos de familia: mucho más atenta a los intereses de los niños y a una distribución más justa y equitativa de sus derechos y deberes educativos y afectivos.

Además, la custodia compartida cuenta con la ventaja de ser más flexible que cualquier otra fórmula y estudios al respecto consideran que, al propiciar una mayor colaboración entre las partes enfrentadas, resulta favorecedora para el desarrollo de los niños.
De confirmarse este rumbo, con un poco de suerte, si no las familias rotas, podremos conseguir que sean muy minoritarias aquellas en la que uno de sus miembros sea tratado como alguien extraño a ella.

Comentarios

Deja un comentario