Viajes borrascosos

Muchos temen que sus vacaciones queden estropeadas por cielos encapotados, persistentes lluvias o hasta accidentes de mayor magnitud como ciclones o inundaciones. El mundo es un gran laboratorio climático y es difícil la previsión del tiempo que vamos a encontrarnos cuando nos alejamos de casa.

Pero hay unos cuantos viajeros intrépidos, enamorados de lo excepcional, meteorólogos por vocación o sencillamente con el dinero y la oportunidad que planean sus desplazamientos con la pretensión precisamente opuesta de huir de toda inconveniencia y buscar deliberadamente el lío. Pero el lío a veces se encuentra en lugares apartados o poco accesibles con ofertas de todo incluido. Es el caso de quienes quieran peregrinar para ver el sol de medianoche o las auroras boreales, dos manifestaciones verdaderamente espectáculares que se dan más allá del círculo Polar Ártico: el sol de medianoche y la aurora boreal.Organizar una visita en verano al norte de Escandinavia, Rusia o Canadá puede significar gozar de la extraña y revitalizante experiencia de un día que se prolonga 24 horas que, además, por las noches ofrece el misterio óptico de la visión de ondas electromagnéticas provinentes del sol, que al llegar a nuestra atmósfera emiten tornasolados reflejos rojos, verdes y azules.

Quienes más que de la luz perenne disfruten de la desatada fuerza de la naturaleza, deberán virar hacia el lugar del mundo en el que no solo es más corriente ver formarse grandes remolinos que barren los campos, sino aquél en el que estos avistamientos se han convertido en una particular empresa turística: las llanuras centrales de Estados Unidos son también conocidas como “el callejón de los tornados” porque allí se mezclan entre primavera y finales de verano los aires gélidos del gran Norte con los cálidos del Golfo de Méjico, dando como resultado una media de hasta 300 de estas imponentes columnas al año.Y entre la experiencia aventurera y la científica, uno puede contratar los servicios de compañías como Cloud 9 Tours en Oklahoma para que nos acerquen hasta ellos todo lo que es posible sin que resulte demasiado peligroso.

Aunque quizás, si hay una atracción climática que ha trascendido la anécdota, esa es la del “Relampago del Catatumbo” en Venezuela; tanto como para ser el primer fenómeno de estas características que es declarado patrimonio natural de la humanidad. Resulta que esa población en la orilla sur del Lago Maracaibo tiene el fascinante privilegio de ver como unas 150 noches  al año se forman tormentas eléctricas que se prolongan durante horas y que dejan más de 2.500 descargas eléctricas por vez. Una visión a la vez cautivadora y espeluznante que bien merece el esfuerzo de ir hasta este enclave caribeño tan deseado en su día por piratas y corsarios de todas las naciones.

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