Viajeros despistados

Claro, uno se imagina que después de invertir una buena cantidad de dinero, elegir ocupar el siempre escaso tiempo de vacaciones y hacerse una buena tira de kilómetros para ir a la otra punta del mundo, lo más natural es que se haya informado mínimamente o disponga de alguna guía que aclare ciertos extremos.

Pero también hay viajeros despreocupados, deseosos de confrontarse con lo insólito o sencillamente que han consolidado nociones insensatas y extravagantes. O puros bromistas, vaya. Porque cuesta dar crédito a algunas de las preguntas que Hotels.com ha recogido como las más extrañas formuladas por los clientes a los servicios de información de los hoteles europeos.

Qué decir si no de quienes ante la espléndida visión nevada de los Alpes en Val D’Aosta inquirieron ”¿Es real la nieve de esas montañas?”. Una no inferior sensación de lo que ha avanzado lo virtual en este mundo nuestro es que en París alguien pida ”¿Esos barcos del Sena pueden navegar o son solo de adorno?”. Y una impresión bastante adulterada de lo que gracias a los cielos sigue siendo la vida salvaje en algunos lados es que uno fuera a Suecia con la pretensión de que le respondieran ”¿A qué hora salen de paseo los alces?” Entre ofensivo y tarugo es quien llega a Irlanda y pregunta ”¿Cuál es la razón de que no aceptéis dólares?” o bien ”¿Existen aquí los teléfonos móviles?”. Más entrañable es, en cambio, que alguna indagara ”¿Dónde puedo encontrar un bosque con duendes?

Algo más de aventurera enjundia tuvo quien en Roma preguntó el precio de dormir en las Catacumbas. Aunque una cosa lleva a la otra y la idea de que la vieja urbe mantiene ciertos usos impulsó a que unos turistas pretendieran averiguar ”¿A qué hora eran las carreras del Coliseo?”, así como si en el billete, como quien no quiere la cosa, también se podía ver a los gladiadores pelear.

Si bien una de las más guasonas parece corresponder a Madrid. Concretamente la de aquél inocente, desconocedor de la anual migración estival de vecinos de la ciudad, que inquirió ¿Dónde está la playa de Madrid? Aunque bien es cierto que también pudo haber sido víctima de las sucesivas invenciones municipales –la última de Gallardón- o comerciales que han tratado de sacar lustre a esa imposible quimera.

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