Habrá quien los rehúya como a la peste, porque aun disponiendo de los medios que lo posibilitan, pensarán que dichosa la gracia de irse a codear en vacaciones con la flor del milloneurismo yanqui. Pero también están los que se deleitarían por vivir esa ilusión de lujo y suntuosidad que son los destinos predilectos de aquello que en tiempos se llamó la jet-set americana.
Como europeos, algunos nos resultan bastante impenetrables. ¿Que habrá de tan exclusivo en la zona de los Hamptons, a barlovento de Long Island y un par de horas de Nueva York? Pues precisamente una zona de segundas residencias para los más adinerados de la gran manzana, el refugio dorado de quienes los fines de semana o los periodos de vacaciones buscan alejarse un poco de la ciudad en la que el dinero nunca duerme. El resultado es una de las zonas del país con las propiedades más caras y los correspondientes clubs, restaurantes y tiendas para atender a tan distinguida parroquia, entre la que uno puede encontrarse con Calvin Klein, Lady Gaga, Paris Hilton o Steven Spielberg.
Si quieren ponerse más exóticas, en cambio, la celebridades americanas pueden irse a las islas Turks and Caicos, uno de esos emplazamientos paradisíacos de playas turquesa y palmeras y que todavía no han sido reducidas por el turismo masivo. Es posible que aquí venga a pasar parte de su acomodada jubilación la celebérrima presentadora Oprah Winfrey o que uno pueda encontrarse al guitarrista de los Rolling Stones Keith Richards en una farra nocturna. Diversos resorts exclusivos como Parrot Bay o Grace Bay, no obstante, se encargan de filtrar a los ricos y famosos de los aspirantes.
Una alternativa, ya en el caribe pero sin las aglomeraciones de Jamaica o República Dominicana, es San Bartolomé (Saint-Barthélemy), territorio francés de Ultramar, destino predilecto para figuras de la moda, la música o las finanzas, tanto francesas como americanas. El paraje no es sólo espectacular –sus playas sirven de forma recurrente para hacer sesiones de fotos a modelos-, sino que cuenta con una apasionante historia: la isla fue propiedad española, de la Orden de Malta, sueca y francesa hasta hoy. Pero los verdaderos dueños de la isla son las grandes fortunas que tienen alguna de las 400 mansiones que pueblan sus bellas ensenadas y escarpadas laderas y que, de paso, mantienen el negocio de boutiques, restaurantes y puertos deportivos que allí florece.
Y como el Caribe se está poniendo malito, con mucho advenedizo que lo tiene a tocar de la mano, dejando de lado Aspen cuando de esquiar se trata, la jet americana ha empezado a descubrir las bondades de Wakaya, la más virgen de las islas Fidji, por lo menos mientras resista la presión de los que como Russell Crowe o Bill Gates quieran venir en bandadas a reposarse de sus ajetreadas vidas en la ciudad. Aunque en esta ocasión, la distancia parece que ya ejerce de colador.
Por cierto, aquí fue donde se cayó Keith Richards de un cocotero. ¡Quién sabe si venía de empalmar con una juerga en Turks and Caicos!









