El tiempo vuela y, casi sin darnos cuenta, ya han pasado dos años desde que se inaugurara la última Biennale di Venezia. En su 54ª edición la mostra italiana sigue sorprendiendo y, en esta ocasión, lo hace con propuestas de los más dispares, entre las que llama la atención el contraste entre lo teórico y lo monumental. El Pabellón Español se adscribe al primer tipo de obras, las teóricas, que encuentran su materialización en el trabajo de Dora García, la artista encargada de representarnos en los Giardini. Su “performance extendida” aborda el tema de lo inadecuado, intentando hacernos reflexionar sobre la idea de que una exposición no es sólo “llenar un espacio”. Pese al interés de lo que propone, nuestro pabellón no ha conseguido sin embargo el beneplácito de la crítica, que ha visto en la reflexión de García una propuesta en exceso teórica y compleja.
El León de Oro para el mejor pabellón ha ido a parar a manos de Alemania, por la intervención de su artista invitado, el recientemente fallecido Christoph Schlingensief. Se trata de una instalación que reproduce la Iglesia a la que el creador acudía en su infancia, invitándonos a una reflexión sobre la vida, la muerte y el sentido de la enfermedad. Por otro lado, el León de Oro al mejor artista lo ha ganado el estadounidense Christian Marclay por el film “The Clock”, una reflexión sobre el tiempo y el feminismo que se muestra en la sección oficial de la muestra sita, una vez más, en el Arsenale.
ILLUMInazioni – ILLUMInations es el título de esta muestra oficial que en esta edición ha tenido como comisaria a Bice Curiger. En ella se presenta el trabajo de 83 artistas internacionales, entre los que destacamos la presencia del creador español Asier Mendizábal. El hilo conductor del proyecto parte de la idea de globalización y pretende destacar el trabajo de los artistas que se salen del discurso tradicional para establecer un vínculo directo con el espectador y desafiar las convenciones. Por ello, la obra de Tintoretto –uno de los tres artistas venecianos por excelencia- tiene una especial importancia en esta edición de la Biennale. Sin duda, él fue uno de los grandes maestros de la iluminación y, a través de sus atrevidas composiciones, puso en tela de juicio los convencionalismos de su época y la armonía racionalista propia del Renacimiento.
Aunque breve, esperamos que este pequeño repaso de la mostra sirva de incentivo a los lectores para acercase a la ciudad de los canales y, si acaso están interesados en ver la exposición, que les ayude también a desvelar las claves de la biennale; un evento interesante donde los haya, pero no siempre fácil de descifrar.









