Tomando aliento

Casi todos nosotros ha padecido en alguna ocasión de halitosis o mal aliento. En principio sus causas pueden ser problemas gástricos, estreñimiento indigestión, mal funcionamiento hepático, diabetes, goteo postnasal, consumo de tabaco o incluso estrés, aunque en el 90% de los casos el origen se encuentra en la boca: falta de higiene bucal, enfermedades de las encías… De ahí la importancia extrema que tiene el mantener una correcta salud bucodental que sirva para prevenir esta problemática.

Se calcula que esta afección la padece afecta a más del 50 por ciento de la población en algún momento de su vida y que de ellos, aproximadamente, un 30 por ciento son mayores de 60 años. En cualquier caso, y a pesar de que la halitosis es una de las afecciones más comunes, la falta de información y la barrera psicológica que supone para las personas que la padecen, afecta de forma importante a la vida diaria, a las relaciones sociales, afectivas y profesionales.

Antes de abordar un tratamiento es fundamental fijarnos, y corregir en los casos necesarios, factores como el aliento matutino, la boca seca, el tabaco, ayunos o dietas hipocalóricas, una higiene oral deficiente, reconstrucciones dentales deterioradas, gingivitis o determinados fármacos que pueden propiciar la aparición del mal aliento.

En consecuencia con lo visto hasta aquí, entre las primeras medidas a adoptar para combatir la halitosis está la de incluir entre nuestros hábitos diarios una exhaustiva limpieza bucal (dientes, encías y lengua) tras cada comida, para acabar con las bacterias que allí se alojan capaces de producir en su proceso de putrefacción compuestos sulfurados volátiles de muy mal olor. En la limpieza de nuestra boca debemos tener presente también cambiar el cepillo cada mes y utilizar hilo dental después del cepillado.

Otro punto es el mantener una dieta equilibrada, ya que una alimentación escasa en hidratos de carbono (presentes en alimentos como pastas, cereales y legumbres) hace que el organismo comience a utilizar la grasa para obtener energía. Como consecuencia de este cambio, se produce cetosis, es decir, un aumento en sangre y orina de los niveles de cuerpos cetónicos, que se traduce en la aparición de un aliento con olor pronunciado debido a la eliminación de pequeñas cantidades de acetona. Tampoco estará de más evitar alimentos y bebidas como cebolla, ajos, pastrami, peperoni, salami, quesos y tunas, cerveza, café, whiskey y vino y todo tipo de alimentos que se queden adheridos a los dientes como los dulces, especialmente los pegajosos.

Al margen de estas pautas, la tradición popular cuenta con diferentes remedios caseros, de los que hemos recogido algunos, además de los consabidos caramelos de menta:

  • Comer en ayunas un melocotón de carne amarilla.
  • Si la halitosis se debe a las encías inflamadas o que sangran, podemos hacer un enjuague bucal a base de dos cucharadas de salvia roja en medio litro de agua. La mezcla debe llevarse al punto de ebullición y seguidamente dejarla reposar durante 20 minutos.
  • Poner unas ramas de perejil y dos o tres clavos de olor enteros en dos tazas de agua hirvieron. Se mezcla hasta que se temple, se filtra y se utiliza como enjuague varias veces al día.
  • También se puede masticar, después de las comidas, un clavo de olor, canela en rama o anís.
  • Tomar al final de la comida un té con una cucharada de hierbabuena.

En fin, seguro que cada cual conocerá alguno más, pero lo importante es acudir al médico para identificar la causa en caso de que no se solucione con una limpieza bucal más concienzuda y una dieta equilibrada.

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