Una afición como cualquier otra, que requiere de mimosa dedicación, cuidado e inversión; el coleccionismo abarca un sinfín de objetos, con tan distintos criterios como personas invierten su tiempo en él. Si bien ya hablamos de este hobby en un artículo anterior, sobre las nuevas formas de coleccionismo, en ésta ocasión recordamos algunos de los objetos de veneración para muchas personas de centenares de generaciones. Se tratan de muñecos antiguos, restos de la historia, parte de nuestra infancia o de la de nuestros ancestros.
Soldaditos de plomo. Esta afición de siglos ya es pieza de museo. Su aparición como juguete para niños en el siglo XVII, no tardaría en convertirse en entretenimiento de mayores hasta alcanzar la categoría de arte.
La tradición de coleccionar soldaditos de plomo tiene un doble sentido para sus entusiastas aficionados, reunir desde las piezas más antiguas de una serie de juguetes hasta las más modernas y recoger, de esta manera, la evolución de la historia militar del mundo. Existen diversos tipos para coleccionar: los modelos, miniaturas concebidas con riguroso criterio histórico, que se subdividen en diferentes nacionalidades o cuerpos internacionales, y épocas; y los soldaditos de juguete.
No es ninguna tontería dedicarse a coleccionar estos ‘juguetes’, ya que se requiere un concienzudo y exhaustivo estudio de la historia militar, y consultar con especialistas en el tema.
Monedas. Al igual que ocurre con los soldaditos de plomo, para coleccionar monedas es necesario, primero, fijarse un país, época o acontecimiento, cualquier criterio que queramos que limite el objetivo infinito, y casi imposible, de reunir todas las monedas de la historia de la humanidad. En segundo lugar, conocer en profundidad la historia de ese país, época o acontecimiento que hayamos elegido, de otra manera nunca se podría hacer una colección completa y exacta.
Los aficionados que dedican gran parte de su tiempo a compilar este tipo de objetos suelen iniciarse aprendiendo numismática, disciplina de la arqueología encargada del estudio de las monedas y medallas. Sin embargo, la gran diferencia entre un numismático y un coleccionista es que éste adquiere conocimientos por el placer que les produce la posesión de las monedas.
Recortables. Como los anteriores, los recortables forman ya parte de las colecciones de muchos museos, pero también de particulares que encuentran en estos juguetes de papel tesoros del pasado. Muñecas que vestir, teatros que levantar, animales, escenas de la vida cotidiana o batallas memorables, los coleccionistas de recortables rara vez los usarán, guardan como oro en paño esas láminas con las que un día jugaron ellos o sus ancestros.









