Comenzaremos por la Semana Santa sevillana, vivida con gran fervor, sus calles se llenan de procesiones, donde cientos de nazarenos acompañan a sus pasos por las calles de la ciudad. Cincuenta y siete son las cofradías que hoy hacen estación de penitencia en la Catedral de Sevilla. Las procesiones de la Virgen Macarena o del Jesús del Gran Poder son quizás las más emocionantes.
La de Málaga es otra de esas Semanas Santas que merecen la pena ser visitadas, declara de Interés Turístico Internacional en enero de 1965, y con un sabor propio. Muy distinta a las celebraciones del resto de Andalucía, aquí no se vive con recogimiento, silencio y dolor, sino que las procesiones son un puro bullicio, saetas espontáneas y aplausos al paso de sus pasos procesionales.

Tampoco podíamos dejar de mencionar la Semana Santa en Castilla y León, con Zamora, Salamanca, Valladolid y León a la cabeza. En estos lugares la sobriedad y el retraimiento se hacen patentes y las tallas de madera recorren las ciudades con las magníficas iglesias románicas y góticas como telón de fondo. Medina del Campo cuenta con las más antiguas procesiones disciplinarias de España.
Y como broche final una de las más originales de nuestro país, se celebra en Verges (Gerona), con La danza de la muerte, que rescata una tradición medieval, celebrada en toda Europa en estas fechas. Son danzas macabras que simbolizaban la igualdad de todos los seres humanos ante el Juicio Final. Esqueletos y figuras vestidas con túnicas negras saltan y bailan al ritmo de los tambores, rodeados de guadañas, relojes y cenizas.
La diversidad cultural española nos ofrece una gran riqueza de celebraciones con muy diferentes tintes y sabores. Ahora cada uno puede elegir aquella que más se aproxime a sus gustos y sentimientos, desde la más penitente, austera y silenciosa a la más alegre y vivaz.









