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¿Qué es mejor: hacer un testamento o una donación en vida?

El tema de las herencias es siempre complicado, ya que por muy bien que estén las cosas, en el momento en que hay que repartir bienes, comienzan las disputas. Esto es algo que ocurre hasta en las mejores familias, por eso, lo óptimo es informarse bien y actuar en consecuencia.

Dejar las cosas bien atadas para que nuestros sucesores no tengan disputas es la mejor herencia que les podemos dejar. Además, esto no implica que nos vayamos a morir al día siguiente, ni mucho menos, pero sí nos da la tranquilidad de haber hecho las cosas bien.

Hacer un testamento es simplemente dejar por escrito ante un notario el reparto de tus bienes. Esto no implica que los receptores lo sepan, es más, puede tratarse de algo que sólo conozca el dueño de los bienes y que hasta su muerte nadie más tenga conocimiento. Además, el testamento siempre es revocable, es decir, siempre se está a tiempo de modificarlo en beneficio de unos u otros tantas veces como se quiera y el precio de hacer uno nuevo son unos 40 euros, aproximadamente. Una vez hecho el testamento, el uso de los bienes sigue siendo, como es lógico, exclusivo del propietario y será así hasta el momento de su muerte. Nada le obliga a tener que compartirlos con nadie.

A la hora de hacer un testamento hay que tener en cuenta varias cosas, como por ejemplo, si se tiene pareja, ya que la mitad de los bienes pasaría automáticamente a ella; si se tienen hijos, ya que les corresponde ”la legítima” es decir, un tercio de la herencia hay que dejárselo por partes iguales a los hijos, y otro tercio, el llamado ”de mejora”,  a los hijos y nietos, pero este tercio se puede distribuir libremente entre ellos o dejárselo a uno solo de los descendientes; en el caso de no tener pareja ni hijos o nietos, la herencia se establece por orden de parentesco, primero a los padres del fallecido, si no tiene, a los abuelos, después a los primos, tíos, etc.

Por citar un tipo de testamento, uno de los más comunes es el conocido como ”del uno para el otro”, y se da en casos de matrimonios con hijos. De tal manera que si uno de los dos miembros de la pareja fallece, todos sus bienes pasan automáticamente a su viudo o viuda sin que los hijos puedan impedirlo o reclamar la parte de su progenitor fallecido (*). Además, el viudo o viuda seguirá obteniendo los beneficios que generan sus propiedades mientras viva y una vez que fallezca, los bienes pasarán directamente a sus hijos y les corresponderán a ellos por partes iguales.

La donación en vida suele hacerse cuando existen problemas entre los herederos y se les adelanta una parte de la que será su herencia. Al hacer esta donación a un tercero, el donante pierde la propiedad  de la misma, por lo que se debe tener cuidado a la hora de tomar esta decisión, ya que no hay vuelta atrás y a diferencia de un testamento, que como decíamos es revocable, la donación en vida no lo es. Por este motivo, no se suele donar el patrimonio personal, sino el patrimonio sobrante.

El abanico de las herencias es muy amplio. Cada familia es un mundo y encontrar dos casos iguales casi imposible, por eso lo ideal es que estemos asesorados por una persona que estudie nuestra situación en particular. También hay que tener en cuenta que el hecho de tener o no un testamento no sólo afecta a la parte económica sino además a la fiscal sobre todo en lo que corresponde a los herederos que pueden encontrarse con alguna sorpresa. Un asesoramiento profesional y especializado siempre nos facilitará las cosas y sobre todo, nos ayudará a hacerlas bien.

(*) Si alguno de los hijos no acepta que su padre o madre viudos reciban el usufructo de todos los bienes, pueden reclamar su legítima estricta libre de usufructo, pero si lo hace, este hijo pierde todo lo que no sea la legítima estricta en beneficio de los demás hermanos que sí la acepten. De esta manera, hay más garantías de que los hijos respeten la voluntad de los padres.

Foto: Google Imágenes

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