La jardinería es una de las artes más pretéritas, posiblemente la segunda sucediendo a la construcción; así lo aseguraba el escritor, político y arquitecto inglés Horace Walpole, en su famoso tratado “El arte de los jardines modernos”. Aunque en la antigüedad nos encontramos con constantes referencias a la singularidad de algunos de ellos -los famosos Jardines Colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo, son sin duda los más conocidos- esta disciplina, la del paisajismo, no ha sido considerada como un arte hasta hace relativamente poco.
En la actualidad, y observando desde la perspectiva artística que merecen, encontramos muchos parques dignos de ser visitados; ya sea por su valor histórico, su originalidad o bien por su singular belleza. Pasear por ellos y descubrir sus secretos puede ser, además de una buena forma de hacer algo de ejercicio y disfrutar de la naturaleza, un modo de aprender algo más sobre los acontecimientos históricos concretos que influyeron en su configuración.
Uno de los más conocidos a nivel internacional es el Parque Güell de Barcelona. Situado en la vertiente de la montaña del Carmel que mira de cara al mar, fue diseñado por el genial arquitecto modernista Antoni Gaudí, a principios de siglo pasado. La libertad creativa del catalán se expande por el conjunto a través de elementos arquitectónicos inspirados en la naturaleza, en los que combina una estudiada geometría con la más exhuberante ornamentación, fruto de la refinada originalidad propia de este genio, que contrasta notablemente con otros jardines de esta época, de perfil mucho más clasicista.
En Madrid se puede visitar el parque de El Capricho, construido a expensas de la Duquesa de Osuna, entre 1787 y 1839. Se trata del único jardín romántico de la capital y, como tal, encontramos en él elementos sorpresivos -arquitecturas inspiradas en la antigüedad, un laberinto de arbustos- en lo que constituye una huída de la clásica geometría barroca. El pintoresquismo y la búsqueda de lo sublime caracterizan este novedoso diseño, fruto de la mente de Jean-Baptiste Mulot.
Inspirados en la magnificencia de Versalles, aunque no tan extensos ni opulentos, nunca defraudan los Jardines Reales de la Granja de San Ildefonso, proyectados por Esteban Boutelou. Están decorados con excepcionales esculturas mitológicas, que forman parte de un programa iconográfico dedicado a Diana cazadora; aunque lo más destacado de este paraje natural son sus 26 fuentes monumentales, cuyos alegres juegos acuáticos rompen con la geometría típica del jardín barroco francés, caracterizado por sus grandes espacios y sus ordenados parterres.
Otros bellos parques con historia que vale la pena conocer son los Jardines de la Alhambra (Granada), el Parque de María Luisa (Sevilla) o el Monasterio de Piedra (Zaragoza). Aunque, si lo que te interesa son las propuestas más contemporáneas, no tendrás otro remedio que visitar algunas de las obras de Patrick Blanc, un especialista en una nueva modalidad: el jardín vertical, que podrás ver en edificios como CaixaForum Madrid o en la Plaza de España de Santa Cruz de Tenerife.









