Pero es nuestra manera de celebrar una inclusión de la que nos beneficiamos todos. Porque como cada año por estas fechas, el Comité de la UNESCO ha evaluado las candidaturas a engrosar su lista y también ha dado un toque de atención a aquellas que si bien ya pertenecen no han destinado suficientes esfuerzos a su adecuada conservación.
Italia, gracias a la entrada de la cadena montañosa de los Dolomitas se afianza como país más representado, mientras que España que añade elFaro de Hércules de A Coruña también se consolida en la segunda plaza.
Sin embargo, pueden resultar más llamativos aquellos tesoros sitos en estados que hasta ahora no estaban presentes. Es el caso de las Ruinas de Loropeni, en Burkina Fasso, un conjunto de fortalezas de piedra que testimonian la importancia que un día tuvo el comercio de oro por las estibaciones occidentales del Sahara o la Cidade Velha de Ribeira Grande, en Cabo Verde, el primer gran establecimiento colonial europeo en el trópico africano, con un trazado portugués del siglo XVI poco alterado.
Otras maravillas como el sistema hidráulico de los tiempos de Dario el Grande en Shushtar, actual Irán o la ciudad sagrada de Caral-Supe en Perú, cuyos cimientos tienen más de 5.000 años de antigüedad, hablan del constante interés del organismo por aquellas expresiones más antiguas de civilización, sin desdeñar algunas aportaciones más modernas, como las que encarnan el Puente-canal y canal de Pontcysyllte en Gales, magna obra de ingeniería civil en la era de la revolución Industrial o La Chaux-de-Fonds y Le Locle en la Jura suiza, edificadas para satisfacer las demandas urbanísticas de su pujante industria relojera.
Su valor simbólico, ilustrativo, de bastión de la biodiversidad o de manifestación de culturas ya extinguidas han sido otros de loas argumentos que han llevado a la inclusión de las Tumbas reales de la dinastía Joseon en Corea, de la Montaña Sagrada de Sulamain-Too (Kirguistán), delWutai, monte sagrado del budismo Chino, del Palacio Stoclet, cumbre del Art Nouveau belga y del Mar de Wadden que comparten Alemania y los Frísia, hasta completar los trece estrenos de este año.
La presente sesión también ha servido para constatar una buena nueva: las autoridades de Bakú han mejorado la protección de su antigua ciudad amurallada, que por culpa de unas restauraciones discutibles tras el terremoto de 2000 y de la presión urbanística pasó a engrosar la lista de patrimonio amenazado y que ahora ha abandonado esa dudosa catalogación.
Por contra, el desarrollismo incontrolado, la deforestación y tala ilegal o la simple incuria han llevado a inscribir a la Red de reservas del arrecife de barrera de Belice, al colombiano Parque Nacional de los Katíos y a los monumentos históricos de Mtskheta en Georgia en esa lista, a fin de llamar la atención de sus respectivos gobiernos sobre la inhibición de la responsabilidad que les compete en la defensa de su herencia natural y cultural.
Ahora bien, el más oprobioso tirón de orejas se lo han llevado Dresden y Alemania, que en una decisión con un único precedente en la historia de la convención ha visto como el Valle del Elba era retirado de la lista. La construcción de un puente de cuatro carriles en mitad del enclave ha puesto en entredicho su valor de paisaje universal excepcional. Consuela, por lo menos, que el crecimiento insensato e insostenible, desconsiderado y palurdo reciba castigo y deje expuestas sus vergüenzas.









