Micronacionalismo histórico

En esta página hemos prestado atención a los principales fenómenos micronacionales y su entrañable búsqueda de soberanía y reconocimiento: Sealand, Hutt River, Redonda o Seborga son o han sido sin duda la avanzadilla de su clase.

Sin embargo, la historia de esos quiméricos proyectos de construir soberanías apelando a viejos derechos o fundando otros nuevos tiene ya un cierto recorrido. Y algunos incluso consiguieron mantener izada su bandera durante algunos años. Es el caso de los estados de Sarawak en la isla de Borneo, en la que los Brooke  gobernaron como rajas durante tres generaciones, ejerciendo una independencia de facto frente al poder imperial británico, o de la más efímera aventura que fue la Republic of Indian Stream, un pedazo de tierra entre el estado americano de New Hampshire y el Quebec que un jefe indio había entregado al propietario de una compañía y que entre 1832 y 1835, aprovechando la ambigüedad en la definición de la frontera, se proclamó soberana.
Aunque de todas las intentonas de fundar naciones sobre sostenes ilusorios y grandiosamente destinados al fracaso, ninguno refulge con luz más romántica que el Reino de Araucania y Patagonia  del abogado perigurdino Antoine de Tounens, del que ya dimos cuenta en una anterior entrega.

Los islotes y plataformas marinas también han sido propensas a servir de base de operaciones de estas asonadas. Hemos repasado los casos de Redonda o Sealand, pero en la misma categoría encajaría la pretensión de Martin Harman, dueño de la isla de Lundy, y que tras ceñirse la corona de su autoprocalamado reino, acuñó moneda y sellos, si bien su osadía no llegó a buscar conflicto con el Reino Unido y todo su juego se circunscribió al ámbito privado de familiares y amigos. Y desde luego existe una semblanza con Sealand en la Insulo de la Rosoj, una estructura erigida en aguas internacionales del Adriático, cerca de Rimini, y en la que el ingeniero Giorgio Rosa proclamó su República esperantista (la lengua oficial adoptada por el microestado) y emitió también documentos y tiradas filatélicas. Sus anhelos, sin embargo, se vieron pronto confrontados con la dura realidad: la Armada Italiana tomó al asalto y hundió la plataforma apenas unas semanas después de la declaración de independencia.

También por la fuerza de las armas sucumbió la República de Minerva, un arrecife cubierto con arena que el combativo potentado Michael Oliver y el activista Morris C. Davis proclamaron territorio libre. El islote artificial formaba parte de un proyecto comercial reivindicativo sobre vida en los océanos y pesca sostenible, pero pese a los esfuerzos parcialmente exitosos por obtener reconocimiento, Tonga se lo anexionó militarmente sin que nadie defendiera su causa.

Sin contar Internet, el último gran foco de surgimiento de reivindicaciones micronacionales ha sido Australia. El ejemplo más o menos exitoso del Principado de Hutt River tuvo sus epígonos en el Estado Independiente de Rainbow Creek, el Ducado de Avram o el Estado Soberano de Aeterna Lucina.

Algunas de estas rocambolescas historias, subversivas demandas y lúdicas querellas son las que ocupan a las micronaciones (o a sus gobiernos en el exilio),  por las que en esta página nunca hemos escondido la simpatía.

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