Malta, agua, fuego de turba… magia

Tener una pequeña bodega o atesorar algunos caldos seleccionados para ocasiones especiales es algo que se pueden permiten muchas personas y que no requiere de conocimientos o atenciones demasiado avanzadas.

Una cosa distinta es el coleccionismo o la manutención de grandes bodegas casi profesionales. De adquisiciones astronómicas hemos hablado en estas mismas páginas. Sin embargo, el mundo de los vinos no es el único que cuenta con un mercado especializado y para iniciados, que según como se trabaje puede ser también una lucrativa estrategia de inversión.

Por ejemplo, hay reputados especialistas en whisky, que han visto  crecer el valor de sus colecciones de forma muy sustanciosa. Hay que tener en cuenta que el famoso aguardiente escocés (aunque los irlandeses también reclamen su invención) es una bebida apreciada en todo el mundo, que ha sobrevivido a todas las modas sin que nunca dejase de ser bebida por conocedores y gourmets, y cuyo precio de las viejas añadas no ha dejado de revalorizarse. Algo lógico si tenemos en cuenta que de algunas tiradas quedan cada vez menos ejemplares y que la demanda sigue creciendo.

Ahora bien, quien quiera empieza una colección debe conservar la cabeza fría. Ciertamente existen algunas botellas raras y limitadas, como las desingle cask de marcas de referencia (los whiskys embotellados normalmente son mezclas de diferentes años y barricas, mientras que estos provienen de una sola), que pueden costar hasta 5.000€. Pero por lo común, el clásico anzuelo del tendero que fuerza el precio asegurando que obra en su poder una pieza única que no volverá a salir a la venta se ha de tomar siempre con prudencia. De hecho, uno de los aspectos más gratificantes de esta afición está en el hecho de poder ir haciendo un respetable acopio de estos tesoros con muchos tipos de presupuesto distintos.

En cualquier caso, lo que se requiere para avanzar con paso firme es una estrategia definida desde el comienzo. O si eso no es posible, porque se empieza un poco por azar, sí que merece la pena decidir de qué forma y con qué criterios vamos a hacer nuestras adquisiciones. Conocer la historia de las destilerías, su prestigio o la evolución de los precios de sus productos nos puede ayudar a tomar nuestras decisiones. Sin embargo, hay algunos puntos y fórmulas que suelen funcionar bastante bien.

Uno es adquirir embotellados originales y oficiales de las casas, no los llamados “independientes” que pueden ser excelentes para beber pero de los que más raramente aumenta su cotización. Otro, centrarse en las marcas más consolidadas de las Highlands e Islay es un valor seguro. Los whiskys de Speyside, en cambio, son más volátiles. Mientras que el material de las Lowlands es siempre arriesgado.

Por otro lado, las botellas comunes tienen eso…ser comunes. No importa su calidad, que puede ser extraordinaria, sino su poca rareza. Series limitadas y vintage serán siempre más codiciadas que aquellas que se puedan encontrar en cualquier bodega seria, por más caras que sean de salida.

Sin embargo, lo más importante es estar informado. Ver cuando es adecuado comprar porque el precio se mantiene o sube muy moderadamente. Cuando una botella sufre una repentina subida, hemos de resignarnos a que se nos ha hecho de noche para sumarla a nuestra colección. Extraño será que la inversión de comprar una botella cara podamos rentarla más adelante merced a una segunda reapreciación de ese tipo.

Ahora, una cosa hay que tener clara. El placer y gusto por investigar, por guardar, por saber y aprender, por abrir una botella especial, es lo que ha de guiarnos, más que el afán de lucro. Porque no será tan habitual que una pieza de nuestra colección alcance un valor excepcional que la haga merecedora de participar de una subasta y llenarnos los bolsillos. Y si eso pasa, será probablemente porque hayan pasado 20 o 30 años desde que la añadimos a nuestros estantes. Y la verdad es que sin pasión y alegría, nada puede compensar 30 años de dedicación ¿verdad?

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