Madeira, la isla de los contrastes

Esta isla portuguesa, situada a 400 kilómetros de las Canarias, en pleno océano Atlántico, es un paraje todavía ralativamente desconocido, recóndito y exclusivo; aunque el  turismo de masas haya aumentado notablemente durante los últimos años. No era así en los albores del Renacimiento, cuando la fiebre conquistadora y descubridora que imperaba en Europa llevó al marinero portugués Joao Gonçalves Zarco a navegar hasta sus costas. Madeira, que en portugués significa leña o madera, pronto se hizo famosa en todo Europa, principalmente por su posición estratégica y por la alta calidad de sus tierras volcánicas para el cultivo de la caña de azúcar y los viñedos.  Precisamente, la compra de azúcar atrajo hasta el archipiélago al mismísimo Cristóbal Colón, quien terminó casándose con la hija del gobernador de Porto Santo (la otra de las dos islas habitadas de este archipiélago) y, según cuentan, fue allí donde aprendió el arte de la navegación y el lugar que le sirvió de inspiración para su célebre viaje descubridor.

Con el paso de los años, la isla fue convirtiéndose en unos de los enclaves más célebres para el turismo exclusivo; entre sus visitantes más famosos encontramos a la Emperatriz Sissi o a Winston Churchill; pero fue la elección de Madeira como lugar de destierro, tomada por el emperadorCarlos I de Austria, fallecido en Funchal en 1924, lo que terminó por convertirla en el lugar de descanso preferido de la élite europea. De este modo, la isla desarrolló su industria turística de forma precoz, prueba de ello es la apertura del famoso hotel “Reids”, en 1890, y la inauguración de una línea de hidroavión Lisboa-Funchal, en 1921.

En la actualidad, la isla vive prácticamente del creciente turismo, aunque todavía continúa exportando sus excelentes vinos (Sercial, Verdelho, Boal y Malvasía). Otro de sus grandes atractivos es lo que queda de sus bosques de laurel -varias hectáreas fueron destruídas en un terrible incendio que tuvo lugar hacia 1420- declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 1999, por su densidad y belleza, y por ser una de las pocas zonas boscosas de este tipo que quedan en Europa, pese a que en la antigüedad estaban muy extendidas. Para los amantes de la naturaleza y el senderismo es obligatoria una caminata a través de los relajantes y bellos senderos formados por las levadas: canales de irrigación que llevan el agua de la parte norte de la isla a la parte sur, generando además energía hidroeléctrica.

Madeira reúne los atractivos de una isla, de hermosas vistas -aunque pocas playas, ya que la mayor parte de la costa está formada por acantilados- y un entorno natural inigualable, que se completa con una oferta cultural bastante suculenta y un panorama gastronómico de prestigio. En estos días, la isla es además uno de los destinos más animados; desfiles, bailes, música y disfraces se hacen con las calle de Funchal, su capital, durante la celebración de los Carnavales. Las Fiestas  -que duran algo más de una semana y se prolongan hasta la madrugada, en un ambiente que recuerda al de Rio de Janeiro- se cierran con el famoso desfile del Cortejo “Trapalhão”, que para muchos es uno de los espectáculos carnavalescos mejores de Europa.

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