Los señores de las flores

Acostumbrados al glamour de los grandes emporios de la moda, a los anuncios de las estrellas de la pasarela y del celuloide, a los despliegues de diseño y tecnología que van aparejados al lanzamiento y promoción de las marcas famosas de perfume, puede sorprender que hoy dediquemos nuestra sección a una casa que se ha caracterizado por principios opuestos: sencillez, mesura, cercanía y naturalidad.

Lo cierto es que la hayan cultivado o sea resultado natural de su forma de trabajar, Álvarez Gómez puede preciarse de una imagen limpia, casera, tradicional y de una elegancia sin estridencias. Su histórica etiqueta, que no podría tener un más delicioso aire retro ni pensada adrede, como sus productos de perfumería, encajan mejor en el castizo entorno de antiguas y cuidadas droguerías de barrio o en el vestidor de un gentleman sobrio y pulcro a la vieja usanza, que en los escaparates frívolos y  futuristas de ciertas tiendas de moda.

Las ideas de solera, de continuidad y de artesanía van mucho más con esta empresa perfumera que sus fundadores leoneses instalaron comercialmente en Madrid en 1899. Desde su primer establecimiento empezaron a confeccionar esas colonias, aguas frescas y jabones muy florales que son sus señas de identidad. Y fue en 1912 cuando acertaron con la composición de un Agua concentrada de Colonia que se convirtió en un éxito que todavía se propaga y que, como ellos mismos dicen, se ha ganado por méritos propios el título de clásico de la perfumería española.

Sin que sus recetas hayan variado demasiado con el paso del tiempo, que por otro lado es la fidelidad que le reclaman sus clientes, con acentos que sus mismos creadores reconocen que salen en ingredientes como la lavanda, el limón o aceites esenciales de romero, tomillo, espliego y bergamota, Álvarez Gómez sí que ha aumentado su red de distribución desde su original emplazamiento en la calle Serrano de Madrid y ha modernizado sus procesos de fabricación. De hecho, cuenta con una tienda virtual en la que adquirir sus productos y con una página en facebook desde la que poner a sus clientes al día. Porque el secreto de un clásico es, también, no perderle nunca la cara a la actualidad.

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