Habrá quien lo vea como un aprovechamiento bastante oportunista y quien lo considere el justo homenaje de una ciudad tan íntimamente imbricada con los personajes de sus popularísimas novelas. Pero lo cierto es que los más avispados ya organizan rutas por Estocolmo basadas en el trasfondo de la trilogía “Millenium”, más concretamente por la isla de Södermalm en la Mikael Blomqvist se mueve como pez en el agua.
Así uno puede acercarse al número 19 de la calle Götgatan, el corazón comercial de la capital sueca, en la que según la ficción se encuentra la redacción de su revista o el número 1 de Bellmansgatan, donde tiene su ático el intrépido periodista. Y desde luego la avenida de Hornsgatan, en cuyo número 78 está el Mellqvist Kaffebar, no solo el gran café intelectual de la ciudad o el lugar en el que Stieg Larsson escribió parte de su obra, sino también lugar de encuentro entre Lisbeth Salander y Mikael. Pero la saga también puede servir de excusa para acercarse a Saltsjöbaden, la elegante localidad costera y residencial que desprende un fuerte aroma decimonónico y aristocrático o el barrio de Lundagatan, en el que Lisbeth tiene su primer apartamento al principio de la trilogía. En esencia, un pretexto magnífico para descubrir una ciudad con tantos encantos como Estocolmo.
Sin embargo, no es la única urbe agraciada con una intriga detectivesca que haya tenido en vilo a millones de lectores del mundo y que haya quedado ligada a sus calles, plazas, bares y oficinas como una segunda piel. Por ejemplo, la coqueta pero no demasiado impresionante Lieja conoció la suerte imperecedera de quedar vivamente retratada en las novelas de Georges Simenon, hecho que honra un recorrido oficial que no olvida la “Plaza del Comisario Maigret”, así renombrada por el famoso personaje y clara señal de la influencia que la ficción ha acabado por tener sobre la realidad.
Algo más siniestra se antoja la ruta de Jack el Destripador por Whitechapel, en el East End londinense, el barrio más popular y castizo de la ciudad, hogar de gangsters célebres y en una de cuyas esquinas todavía es posible refrescar el gaznate en el mismo pub desde el que salieron algunas de las desdichadas que asesinaría el desconocido maniaco la misma noche del crimen: el Ten Bells.
Incluso tras las huellas de alguno de nuestros detectives más cercanos, como las del gourmet y comunista escéptico Pepe Carvallho es posible ir. En este caso convendría recorrer el Raval, el mercat de la Boqueria, la Plaça Reial, subir hasta Vallvidrera para ver Barcelona desde el Tibidabo y, sobre todo, hacerse mesa en alguno de los restaurantes de comida tradicional catalana que tanto amaron tanto el investigador como su creador, Manuel Vázquez Montalbán: Casa Leopoldo, l’Agut d’Avignon, Pa i Trago i etc.
Apenas cuatro ejemplos de las muchas posibilidades de seguir rastros sangrientos y nebulosos o hurgar en los vericuetos más inquietantes de la geografía criminal del mundo.









