La resurrección de la Biblioteca

Según todos los indicios, fue el mayor templo de conocimiento de su tiempo; aunque también fuera un inconfundible intento de hacer prevalecer la cultura griega en Egipto. Sin embargo, sus fundadores, la dinastía de los Ptolomeos, dieron a su obra un vuelo tan ambicioso que pronto trascendería su primera misión para convertirse en un santuario de estudio y compilación de los saberes de la época, hasta el punto de crear una casta de poetas y filósofos entregados en cuerpo y alma a su cuidado y conservación.

Ampliada y cuidada con mimo en los días de dominación romana, se saben algunas cosas de su organización y posible contenido, aunque no haya quedado ninguna descripción detallada y directa. Pero todavía mucho menos  se conoce del tétrico episodio de su destrucción, del que apenas quedan testimonios o vestigios arqueológicos.
Un incendio, un progresivo desmembramiento y el estado de anarquía militar que sufrió Alejandría en el siglo III, con sus correspondientes saqueos, fueron sumiéndola en el caos. Los terroríficos terremotos que en los siglos posteriores sacudirían la ciudad y que sumergieron hasta el 20% de sus edificios pudo ser la puntilla para la que fuera una de las más esplendidas instituciones del mundo antiguo.

Pero su memoria perduró y en 1987 salió a la luz el fruto larvado de su poder de fascinación: un proyecto patrocinado por la UNESCO y con  aportación económica internacional para erigirla de nuevo. Entre mayo de 1995 y diciembre de 1996, con un presupuesto de 200 millones de euros y con un proyecto de un estudio noruego, se puso en pie la enorme estructura de granito, vidrio y aluminio y esculpida con bajorrelieves en centenares de lenguas: la nueva biblioteca de Alejandría.  Con capacidad para veinte millones de volúmenes, y distribuida a semejanza de su antecesora en estancias dedicadas a distintas disciplinas, este edificio en forma de disco solar como tributo al dios egipcio Ra es ya un hito de la cooperación mundial y, como tal, una de las maravillas del presente.

Sin embargo, para que pueda irradiar la luz de su predecesora, y por más que sus crecientes colecciones lo hagan augurar, tendrá además que encontrar un alma que anime su bello cuerpo. La que puedan proporcionarle sabios, estudiosos y buscadores de la verdad que peregrinen hacia sus salas como lo hicieron sus camaradas de promoción hace muchas centurias si consigue atraerles. ¿Lo conseguirá?

Comentarios

Deja un comentario