Hace tres semanas dedicábamos nuestro artículo a un caso muy particular de infiltración de la moda deportiva en el vestuario general masculino: el de las camisetas Fred Perry. Sin embargo, ese ejemplo, con ser el de un claro pionero, no es el único. Otros deportes se han desplazado de la cancha a las gradas y después a la calle a través de la ropa. Tanto que incluso han adquirido ciertas connotaciones sociales y de identificación grupal.
El del polo viene siendo el más significativo. Inspirada en la indumentaria de los polistas ha florecido toda una industria que camisetas, calzado y complementos que ha llegado hasta las boutiques de los barrios más elegantes y en ocasiones hasta las pasarelas. Ciertas marcas que tradicionalmente han hecho de proveedoras de equipos profesionales han sido las impulsoras de esta tendencia. Las casas más populares de este tipo son argentinas, pues es en el país sudamericano en el que esta especie de hockey sobre caballos ha tenido mayor vigor. La Martina, acaso la máxima representante de tal emergencia, fue la primera en darse cuenta del potencial de su género. Los nikis de selecciones nacionales, así como los jerseys, pantalones y cinturones de cuero tuvieron muy buena acogida fuera del estricto círculo de los practicantes y asistentes a casas de campo y demostraron que había un público atraído por la estética elegante y pulcra pero al mismo tiempo informal de este distinguido deporte.
La participación en los encuentros de personajes de la realeza, de la alta sociedad y demás beautiful people acabaron de dar relumbre y glamour al producto.
Es una tendencia que no ha dejado de crecer desde entonces, con la irrupción de otras firmas de lujo que se han subido a este apetecible carro o la expansión de marcas clásicas del sector, que se han lanzado al diseño de líneas que incluyen cazadoras, blazers, chalecos y hasta bolsas de viaje o pantalones vaqueros, y por tanto ya mucho más orientadas al uso callejero que al estrictamente deportivo. Entre las primeras destaca Brioni y entre las segundas la inglesa Hackett.
No obstante, el aura exclusiva del polo y sus ambientes, así como los precios de la ropa mencionada, ha hecho que esta moda cargue con unas connotaciones “pijas” no del agrado de todo el mundo.
Así, para aspectos más arrabaleros, han nacido o seguido un camino similar al antedescrito, marcas que se inspiran en el look del boxeo callejero francés llamado savate (como Boxeur de rues), de la lucha libre (la turca Orkatiene colecciones que toman elementos de este deporte, aunque a veces lo combinen con otros, como precisamente el polo) o incluso, en última y atrevida vampirización, el ciclismo.
Y es que los esforzados de la ruta siempre han resultado un recurso tentador para la cultura pop. Pero que el aura aventurera de sus principios, la cuerda popular y obrera de sus años de esplendor entre la posguerra y los años 70 o el kitsch abigarrado de los maillots de los ochenta y los primeros noventa pudiera encontrar un correlato de costura chic, cortesía de la marca Moncler, sí que es una verdadera novedad.









