Hacia los días de oro

Tradicionalmente, las compañías de viajes y las hoteleras han ofrecido descuentos a los mayores. Sus posibilidades de coger vacaciones fuera de temporada y el hecho de tratarse de clientes raramente conflictivos han hecho muy rentable para los empresarios la rebaja senior. Sin embargo, hasta hace muy poco, había que esperar a jubilarse o a alcanzar los 65 para gozar de esas ventajas.

Sin embargo, el número creciente de personas que tienen esa misma disponibilidad -bien por una prejubilicación o por encontrarse ya liberadas de obligaciones familiares, sociales, económicas, etc.- antes de cumplirlos ha llevado a recapacitar ese criterio.

Los movimientos  para incentivar a ese público, medianamente acomodado, con la hipoteca pagada y los posibles hijos criados, y grandes ánimos para gozar del fruto de su trabajo,  se perciben en las políticas de precios de algunas grandes compañías. Algunos clásicos, como la tarjeta dorada de Renfe, que permite hasta un 40% de descuento entre semana, se pueden adquirir a partir de los sesenta, la misma edad que hay que haber rebasado para beneficiarse de las tarifas especiales de Transmediterránea o para que la Red de Paradores de un mordisco a sus precios.

También las compañías aéreas se aplican el cuento, y algunas como Iberia dejan a los mayores de 60 que vuelen más barato por Europa.

De cualquier modo, son los tour-operadores quienes antes y mejor han visto el filón. Iberojet, Soltour, Marsol…son ya muchas las compañías que incluyen un apartado para esos seniors que con 55 años tienen pocas ganas de atrincherarse en casa. Títulos que evocan su edad dorada hacen las veces de reclamo. El trato resulta ventajoso para todas las partes.

Así, el mimo a nuestro colectivo, se manifiesta cada vez en más campos comerciales y sociales. Entidades financieras como Banc de Sabadell o Banco Popular tienen sus respectivos clubs, Infosenior y Clubsenior, para sus clientes más veteranos. Allí puede accederse a artículos, descuentos, foros y, como no, tarifas especiales para viajes y escapadas.

De hecho, las mismas instituciones municipales o autonómicas  han empezado a revisar a la baja la edad mínima exigible para disfrutar de excursiones y otras formulas de vacaciones organizadas desde sus oficinas de bienestar social o cultura. El mismísimo IMSERSO ya habla de mayores de sesenta con pensión en sus requisitos, y bien podría ser que se hiciera todavía más flexible en tiempos venideros: los mayores somos cada vez más jovenes.

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