Goles son millones

¿Vibras por unos colores pero opinas que su gestión no es todo lo buena que debiera? La cosa tiene remedio: en la era de las sociedades anónimas deportivas, por una cantidad adecuada, puedes hacer el equipo a tu medida.

Seguro que Mohamed Al-Fayedex dueño de Harrods desde la semana pasada y propietario del Fulham F.C., soñaba ayer con obtener finalmente algún fruto de sus millonarios desvelos. El Atlético de Madrid, que también en su día sufrió las intrigas de un presidente tan carismático y acaudalado como poco escrupuloso, se cruzó en su camino y le dejó con la miel en los labios.

Sin embargo, el magnate egipcio no será el primero ni el último en conocer los sinsabores del fracaso pese a haberse rascado la cartera para hacer un equipo campeón. Convertido en gran negocio global, escaparate para la vanidad y afán de promoción social y mediática de personajes ambiciosos, lejos de sus orígenes humildes y populares, no son pocos los potentados que se han dado el carísimo capricho de adquirir un equipo de futbol.

El caso más celebre de millonario desaforado en pos de la gloria balompédica es el de Roman Abramóvich. El oro negro del petróleo siberiano le sirvió para comprar un endeudado club londinense, el Chelsea C.F., entidad con indudable solera pero cuyas últimas distinciones se remontaban a los primeros setenta. Su inversión tuvo efectos inmediatos, y el Chelsea ha obtenido desde el traspaso en 2003 tres ligas y varias copas. Con todo y con eso, de momento se ha quedado sin corona europea, pese a que hace dos temporadas la tuvo al alcance de la mano en una final jugada en el Moscú natal de su amo.
De hecho, la fórmula de individuo con posibles a la búsqueda de una cenicienta a la que embellecer las vitrinas ha hecho cierta fortuna en los últimos años en el futbol ingles. El caso reciente más aparatoso es el delManchester City, que también anda ayuno de títulos desde 1976, pero al que un jeque de los Emiratos Árabes quiere devolver el esplendor. Su actual plantilla y el nivel de sus fichajes hace presumir que, si no ceja en su empeño, podría conseguirlo más temprano que tarde. Otros casos cercanos, si bien con inversiones más modestas en su haber, le invitan a ser prudente: el Queens Park Rangers de Ecclestone y Briatore no ha conseguido cambiar su tradicional suerte adversa, mientras que el capital proporcionado por Alexander Gaydamak al Porstmouth F.C. ha resultado ser un regalo envenenado, y este año ha descendido ahogado por las deudas y las demandas.

Dejando de lado el peculiar -como todo lo que atañe a su figura- caso de Berlusconi, al que solo el ascenso a la dignidad de primer ministro italiano pudo apartar de la presidencia de AC Milan, también en España ha habido algunos casos de hombres de negocios que han unido su fortuna a la del club de sus amores.

Sin embargo, conviene advertir que se trata de un matrimonio de alto riesgo, en el que algunas el forofismo puede costar un Potosí: ahí esta el terrible endeudamiento de muchos clubs españoles, entre los que destacan saldos tan insostenibles y cercanos al concurso de acreedores como los delValencia CF o el Deportivo de La Coruña. Y además, sin garantías de que tanto sufrimiento no sea en vano, porque como tuvo que constatar anoche Al-Fayed, el dinero no siempre puede comprar la felicidad futbolística.

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