No debería ser la Eurocopa el principal reclamo para dejarse seducir por las maravillas de dos países como Polonia y Ucrania; pero, sin duda alguna,los más futboleros es posible que no puedan evitar la tentación de viajar para ver algún partido y, de paso, conocer aunque sea un poco por encima la vida y la cultura de dos de nuestros vecinos de continente más orientales.
Varsovia, Gdansk, Breslavia y Poznan son las sedes polacas de los encuentros; se trata de ciudades muy dispares entre sí, siendo la capital probablemente la más atractiva, por su pasado histórico; fue destruida por los Nazis y reconstruida durante la época comunista, por lo que resulta uno de los ejemplos más soberbios de arquitectura estalinista. Callejuelas llenas de encanto conforman el centro histórico de la ciudad -también reconstruido- donde se puede degustar la comida típica del país, antes de disfrutar de un paseo por alguno de sus bellos parques.
Breslavia seducirá al viajero por considerarse la Venecia polaca; Poznan, por el dinamismo surgido gracias a su estratégica situación, a medio camino entre Berlín y Varsovia; y Gdansk, antigua Danzig, por haber sido una de las ciudades más codiciadas del mundo, y también de las más bellas: no en vano se le conoce como “la perla del Báltico”.
Comprar ámbar, hacer una parada en la bellísima Cracovia o en el mismísimo Auschwitz-Birkenau –uno de los lugares más sobrecogedores del globo- son otras formas de profundizar y descubrir la cuna de Juan Pablo II.
En Ucrania -un país mucho menos turístico que Polonia- también encontramos cuatro sedes del encuentro deportivo: Donetsk, Lviv, Járkov y Kiev, siendo esta última la responsable de organizar la final del evento. En un viaje relámpago a cualquiera de ellas, vale la pena aprovechar para visitar maravillas como la bellísima Costa de Crimea o las Catacumbas de Odessa, unas de las más grandes del mundo. Cultural y artísticamente resultan mucho más interesantes Kiev y Lviv, dos ciudades llenas de historia, que Donetsk y Járkov, dos ciudades mayoritariamente industriales que, sin embargo, nos brindan la oportunidad de conocer de cerca la verdadera vida de los países del Este.









