¿Dispone de dinero para invertir pero no se fía de la bolsa y de los vaivenes financieros? ¿Le gustaría poseer algo hermoso y único que además se revalorice con el paso del tiempo? Entonces no hay duda: considere el arte.
Por lo menos eso es lo que han pensado algunos de los coleccionistas privados, fundaciones o grandes corporaciones que se han embarcado en operaciones millonarias para hacerse con algunos de los cuadros más caros de todos los tiempos.
Hasta el día de hoy la compraventa más costosa de la historia corresponde a una obra de Jackson Pollock, su nº5 de 1948, adquirido por un magnate mexicano en 2006 por lo que en aquel momento fueron 140 millones de dólares.
También en 2006, una venta privada – Steven A. Cohen se lo compró a David Geffen- alcanzó el segundo puesto del escalafón. Su autor era holandés, aunque no el que pueda imaginarse, sino otro expresionista abstracto como Pollock: Willem de Kooning. Su Woman III había pertenecido al Museo de Arte Contemporáneo de Teherán, pero tras la Revolución dejó de exhibirse y fue vendido a cambio de unos manuscritos persas del siglo XVI. Parece poco probable que un trueque de estas características pueda volver a servir para hacerse con él.
Muy poco menos, en ese mismo año prodigioso de cifras record, le costó al propietario de una galería neoyorquina el primer retrato de Adele Bloch-Bauer que hizo el maestro vienés Gustav Klimt. Se especula que pagaron por el 135 millones de dólares (unos 104 millones de euros al cambio), si bien por tratarse de una venta privada nunca pudo confirmarse con total exactitud. La accidentada historia del cuadro, que incluye su incautación por parte de los nazis y su posterior reivindicación al gobierno austriaco por parte de la familia heredera legítima –convertida en símbolo de la lucha judía por revertir el expolio padecido- ha contribuido a acrecentar su leyenda. Curiosamente, el otro cuadro más valorado de Klimt es el segundo retrato que hizo de esta importante figura del mecenazgo austríaco y musa particular del gran artista “secessionsta”.
Podrá extrañar que el supercotizado por excelencia, Picasso, no aparezca en ese podio. Sin embargo, tras la friolera de 81,9 millones de Euros que se han abonado esta semana en Christie’s por su Desnudo, hojas verdes y busto, vuelve a convertirse en el pintor por el que más se ha pagado en conjunto, contando que su Dora Maar au chat o Garçon a la pipe figuran también en el top ten de los más costosos.
Y sería injusto acabar esta reseña sin citar a Vincent Van Gogh, que recibió durante años el máximo favor de los acaudalados compradores: Tanto su Retrato del Dr. Gachet como sus Irises siguen estando entre las pinturas más caras jamás subastadas.
Para comprender estas cantidades tan desmesuradas hay que tener en cuenta que los cuadros de esa calidad y magnitud que salen a la venta son ya realmente muy pocos –la rareza influye en el precio- y que muchas veces su adquisición está respaldada por cálculos contables enfocados a su amortización a medio o largo plazo, aunque ciertamente haya algunos caprichos de multimillonarios.
Pero también hay que decir que algunas distinguidas joyas de las pinacotecas mundiales alcanzarían cantidades todavía superiores si se pusieran en el mercado.









