Esta pasión puede tomar carices muy distintos, decantarse hacia el ejercicio literario o declamatorio, hacia la vocación filológica o hermenéutica e incluso hacia el arte caligráfico. Pero hay también un grupo de iniciados que las hace el centro de su culto y se dedica a jugar con ellas, a hacerlas objeto de enrevesadas disimulaciones, a protagonizar a sus expensas retos de ingenio y a pergeñar cosas tan misteriosas como palíndromos, logogrifos y lipogramas. Acorde a su gusto por los vocablos hermosos, se dan a sí mismos el nombre de enigmistas.
¿Qué es exactamente la enigmística? Por su propia naturaleza, el término rehuye una definición inequívoca, pero podría decirse que comprende todos aquellos desafíos en los que alguien afirma una cosa de forma velada, pero deja la posibilidad de que alguien otro lo descrife exprimiéndose el magín. Aunque quizás con algunos ejemplos las cosas queden más claras, porque algunas de las formas que han tomado estos juegos son hoy muy conocidas. Las adivinanzas, los crucigramas y las sopas de letras serían sus ejemplos más emblemáticos.
Pero quien ahora piense que ha sido exagerada tanta retórica para tan poca cosa como una sopa de letras, se está precipitando. La enigmística es un campo muy vasto, que colinda con otros tales que las matemáticas recreativas o la criptografía, y que ha atraído a personalidades tan excepcionales como Leonardo da Vinci, Lewis Carroll o Edgar Allan Poe. Incluso hubo un puñado de formidables escritores –Georges Perec, Raymond Queneau o Italo Calvino entre los más sobresalientes- que en los años setenta formaron la OuLiPo, un taller de búsqueda de nuevas formas y estructuras literarias que se inspiró en fórmulas clásicas de la enigmística y en su espíritu combinatorio. De hecho, el fértil y oblicuo cuerpo de la disciplina podría emparentarse con las permutas de la Cábala o con los acertijos alquímicos, aunque sus variaciones más típicas tienen origen en la Italia del siglo XVIII, el país en el que aún tiene más prédica y en el que se comercializan más y mejores revistas especializadas.
Habría muchas formas de introducir al lector en la enigmística y en sus muchos vericuetos, pero la intención del artículo -muy acorde con su contenido- es azuzar la curiosidad, no saciarla. Por suerte, sin salir de la red, pueden encontrarse un puñado de buenos sitios para catar las mieles del misterio. Verbalia.com, un país virtual mantenido por tres eminentes aficionados a la materia, es uno de los más inteligentes y actualizados. Los ítalohablantes pueden gozar de una oferta completa, con páginas como la de Aenigmatica. Y los aficionados a los trabalenguas pueden echar un vistazo a esta colección que recoge juegos de palabras en 107 idiomas distintos. Buena suerte: aquí comienza el laberinto.









