Doctor Livingstone, supongo

El Doctor David Livingstone (Blantyre Works, 19 de marzo de 1813 – Chitambo, 1 de mayo de 1873) es una de esas grandes figuras que han pasado a la historia por hacer gala de una serie de valores épicos, combinados con la extravagancia y el buen hacer. Misionero de temprana vocación, pronto comprendió que para serlo estudiar medicina era un plus importante, así que, tras terminar la carrera, viajó a África para comenzar su labor. Allí se casó con la hija de un pastor y descubrió su pasión por la exploración; fue un hombre muy querido y respetado por los pueblos africanos y, según cuentan, además de su empático carácter, tuvo mucho que ver en ello el haber salido airoso de las garras de un león.

Entre 1852 y 1856 Livingstone inicia la que se ha considerado como su primera exploración, un viaje desde el Océano Atlántico hasta el Índico, durante el que descubre las Cataratas Zambeze; hoy conocidas como Cataratas Victoria, gracias a la nueva denominación del doctor, realizada en honor a la reina de su madre patria. Sus nuevos descubrimientos le llevan a dedicarse plenamente a la exploración con el fin de encontrar nuevas rutas para la entrada de misioneros y comercio. Entregado en cuerpo y alma a esta labor, fue pionero en el descubrimiento y la documentación del continente negro y se convirtió, además, en uno de los primeros luchadores comprometidos contra la esclavitud.

Las Cataratas Victoria están situadas en la Provincia del Sur de Zambia, en la región de Mashonalandia Occidental de Zimbabue. Con más de kilómetro y medio de ancho y más de 100 metros de altura, este espectáculo de la naturaleza se considera uno de los más peculiares del planeta, debido al estrecho y extraño abismo en el que se produce la monumental caída y, cómo no, también a que es la cortina de agua más larga del mundo.

Muy  cerca de este sobrecogedor espectáculo encontramos algunos hoteles de lujo que en épocas del año propicias, cuando las aguas del río alcanzan su nivel más bajo, organizan aproximaciones hasta el borde de las Cataratas, aprovechándose de que en esas determinadas condiciones el agua no inunda y se desborda por encima de la Isla Livingstone. Avionetas, barcazas, helicópteros, viajes en globos y algunas extravagancias más completan el abanico de posibilidades que se ofrece a los turistas amantes del riesgo que se acercan a contemplar este grandilocuente milagro de la naturaleza.

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