Diez tendencias viajeras

Aunque sus motivos y argumentos no siempre convenzan a todos, muchos viajeros empedernidos esperan cada año con curiosidad y se dejan seducir por los cantos de sirena de la lista de destinos emergentes de Lonely Planet.

Con los escogidos para 2008 se constata que algunas combinaciones siguen siendo infalibles: buen clima, exotismo, insularidad, precios asequibles para el turista occidental y playas paradisíacas y sin aglomeraciones siguen desvelando el apetito de los buscadores de un nuevo edén. Kao Tao en Tailandia, la Isla de San Andrés en Colombia, la Big island de Hawaii o Binalong y Bay of Fires en Tasmania reúnen todas o alguna de esas características. Y aunque haya quien considere que son destinos ya conocidos y en algún caso eficientemente explotados, todavía no ha llegado a ellos el turismo de masas.

Más discutible es la emergencia de otros dos lugares que, eso sí, habrían de figurar en el radar de cualquier aficionado a conocer otras tierras. El Languedoc y el País Vasco no se puedan decir que sean precisamente joyas desconocidas, pero su riqueza patrimonial, gastronómica, lingüística o paisajística justifican sobradamente dedicarles unas vacaciones.

Y ciertamente remotas pueden considerarse otras de sus propuestas. Las Islas Svalbard, avanzadilla humana en el mundo subártico, están cubiertas en buena medida por glaciares y bendecidas por una virginal diversidad natural. El archipiélago de Chiloé, en Chile, destaca por su arquitectura tradicional y por servir de puerta al poco explorado sur del país y su dédalo de fiordos. Yunnan es una de las regiones rurales y montañosas más intactas que aún quedan en la cambiante China, y el lugar donde el río Yangtzé labra una profunda garganta. Y, por último, Nam Ha, en Laos, es el lugar soñado para quienes anden a la busca de estampas todavía no adulteradas de Indochina.

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