Baños de sol

Estamos en plena primavera, a un tiro de piedra del verano, y el sol es el rey indiscutible de la climatología de estos días. Y esto es algo que no hay que desaprovechar a la hora de cuidar la salud. El sol es fundamental no sólo desde el punto de vista psicológico, también lo es desde la perspectiva más puramente fisiológica, ya que gracias a los rayos solares el cuerpo recibe el estímulo necesario para la producción de vitamina D, importante en cualquier etapa de la vida, pero más aún si cabe en la vejez.

Investigadores de la Universidad de Warwick, Reino Unido, ha demostrado que la carencia de vitamina D está relacionada de forma muy directa con diferentes desórdenes en el organismo y con un mayor riesgo de padecer diabetes y patologías cardiovasculares, pero especialmente está vinculada al síndrome metabólico (una combinación de desajustes que le impiden al organismo degradar a cabalidad los diferentes compuestos).

Para llegar a estas conclusiones los responsables del estudio, publicado en la revista Diabetes Care, examinaron a más de tres mil individuos (miembros de una comunidad de residentes de Beijing y Shanghai ) de entre 50 y 70 años para establecer una relación entre sus niveles de vitamina D en sangre y el padecimiento del síndrome metabólico. Los resultados obtenidos por el equipo dirigido por el doctor Oscar Franco en colaboración con Instituto de Ciencias Biológicas de Shanghai, mostraban que el 94 por ciento de los sujetos estudiados presentaban deficiencia de vitamina D, y de éstos, el 42%, sufrían el síndrome metabólico, coincidiendo estos resultados con los de otras investigaciones realizadas sobre grupos de población occidental.

Aún queda por averiguar el por qué los mayores tienen esta escasez de vitamina D y su vinculación con el síndrome metabólico, aunque el doctor Franco baraja que se deba en gran medida al cambio de hábitos como vestir con prendas que cubren más, además de reducir las actividades al aire libre, lo que hay que unir la hecho de que, según el doctor Franco, ”en la medida que vamos envejeciendo, la piel es menos eficiente en la formación de vitamina D y nuestra dieta puede resultar poco variada, con bajos contenidos de vitamina D natural”. Por este motivo es conveniente, según se envejece, estar más tiempo al sol para estimular los mismos niveles de vitamina D de edades más tempranas. Así, según las recomendaciones de los investigadores de la Universidad de Warwick, en la tercera edad se debe recuperar la costumbre de salir a la calle, pasear y tomar el sol.

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